Fue exactamente hace un año: El brasileño Rogerio Dutra Silva venció 7-5 y 6-3 a Nicolás Jarry en la definición del Challenger de Santiago, en la cancha central del Club Manquehue.

Tras ello los “opinólogos del teclado”, esos que hoy revientan a Garín, lo hicieron mierda, desde el punto de vista analógico lo trataron de “cagón”, “arrugón”, hasta “pecho frío”…(paréntesis: después perdió con Escobedo en Estoril y tampoco tuvo suerte en Roland Garros y Wimbledon). Esto, sin predecir lo que ocurriría 12 meses más tarde.

El cierre de 2017 lo llevó al top 100. La revancha llegó en Santiago, jugando de local y acallando a todos aquellos que alguna vez lo juzgaron premeditadamente. Venía de una gira por China muy dura donde no ganó ni un partido, en Montevideo perdió en segunda ronda, pero las ganas estaban y meterse entre los cien mejores jugadores del circuito muy al alcance de la mano. La presión era agobiante y logró levantar la copa en el Movistar Open. Primera gran meta lograda: de ser el top 100 que juega Challengers a ser un top100 que juega ATP.

2018 también le está dando revanchas, tras un Australian Open para el olvido, vino la Copa Davis donde una vez más salió victorioso y la gira sudamericana que hoy lo ha llevado a un nuevo status. Más allá de los resultados, estamos ante un Jarry fresco, con buena movilidad, todo terreno, con disposición a trabajar los puntos y principalmente agresivo, aunque falle no cambia su patrón de juego y eso se agradece.

Se apega fielmente al perfil Next Gen, agresivo, tratando de tomar siempre la iniciativa, no espera que el rival falle (contra García López o Ramos Vinolas eso es imposible) y está tratando de posicionarse en la cancha buscando diagonales e incluso subiendo a la red. Tomar la pelota lo antes posible parece ser la premisa. En cuanto al servicio que era una de mis aprehensiones, la modificación tiene como asidero el lograr un impacto más limpio, lo cual le da un poco más de precisión y hasta quizás de potencia. “No es un cambio es que acorto el gesto”, me aclaró Martín Rodríguez.

El nacional ha subido 52 puestos en el ranking mundial en tan sólo dos meses y alcanzó por primera vez en su carrera llegar a una final ATP en Sao Paulo. Además, ha obtenido 10 triunfos en el circuito mayor y ha derrotado a jugadores de la elite mundial.

Y ahora piensa en grande: Su siguiente desafío será en el Masters 1000 de Miami, en la que será su segunda participación en un certamen de esta categoría. En este torneo estadounidense, Jarry pudo ingresar de forma directa gracias a una invitación de parte de la organización.

Cabe destacar que con su actual ranking (61°), el tenista nacional aseguró su presencia en el cuadro principal de los siguientes Grand Slams de la temporada: Roland Garros, Wimbledon y US Open.

¿Justificaciones? ¿Explicaciones? ¿Causas? Creo que son muchas, sin embargo, concentrémonos en lo que engloba en concepto de profesionalismo: Nicolás Jarry siempre llegó con una sorprendente antelación a entrenar. Mario Soto, su preparador físico ha destacado su disposición y profesionalismo para investigar hasta el más mínimo detalle en todo lo que respecta a trabajos antes durante y después de los partidos, preparación de torneos, incluso nutrición y temas técnicos. Martín Rodríguez dio fe de aquello y además me aseguró que “Nico tiene gran potencial y puede llegar muy lejos”.

De hecho ya está trabajando en mejorar su patrón de juego: Mantenerse siempre agresivo y tratar de terminar más puntos en la red.

Su meta para este año y hasta quizás el próximo, es afianzarse en este nivel y que se mantenga más jugando estos torneos que los del año pasado, no significa que no los juegue más, sino que pueda mantenerse en este nuevo status.

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