La historia táctica del fútbol es la sucesión de modas o sistema, que fueron implantando los equipos que ganaron en cada era. A veces, surgían técnicos visionarios que planteaban esquemas o sistemas revolucionarios que creaban ventajas de por sí al suponer una evolución en el propio juego, como sucedió con Rinus Michels en la década de los 70 o Arrigo Sacchi en los 80, pero en la mayoría de las ocasiones, el dibujo más extendido era aquel que empleaba el conjunto que ganaba por tener a los mejores futbolistas de su presente respectivo.

A partir de dicha circunstancia, muchas distribuciones disfrutaron de su momento de gloria: el 2-3-5, el 4-3-3, el 3-4-3, el 4-2-3-1, el 4-1-4-1, el 5-3-2… y todas ellas, durante su intervalo de dominio temporal, compitieron contra la gran constante táctica que ha tenido este deporte: el 4-4-2.

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Pero ¿qué motiva la inmortalidad de éste viejo y tradicional sistema?

Una de las ventajas que otorga es que permite a plantillas modestas disimular parte de sus carencias en aquellos ámbitos que sólo el dinero semi-garantiza solucionar. Por supuesto, el más relevante reside en el gol, donde juntar una pareja de delanteros aumenta las probabilidades de remate y también la potencial precisión de los mismos.

Cuando un finalizador se enfrenta a una dupla de centrales, zafarse de la doble atención y conservar (alrededor, en los pulmones y en el cerebro) oxígeno para definir con acierto resulta muy, muy complicado. Lograr un marco de dos contra dos iguala la lucha y facilita la culminación de la que, al fin y al cabo, no deja de ser la acción ofensiva más simple y empleada -sobre todo- por equipos con poco talento para jugar por dentro: el centro al área desde uno de los costados.

En el 4-4-2, los jugadores no están obligados a ser especialistas puros en cada una de las posiciones.

Pero lo dicho es apenas un detalle. El gran don del 4-4-2 deriva de su versatilidad. De su versatilidad, además, en todos los sentidos. Por ejemplo, el estilístico: desde el 4-4-2, triunfaron el Milan de Sacchi, el Villarreal de Pellegrini y el Leicester de Ranieri.

Es decir, un equipo caracterizado por la presión en campo contrario, uno por el control conseguido desde la posesión pausada de la pelota y otro por su repliegue y su contraataque. Aunque este plus pueda asignarse a otras organizaciones, ninguna ha dado pie a éxitos más diferentes que el 4-4-2. En parte, porque el margen de maniobra que ofrece para ajustes técnicos y tácticos es ilimitado.

sistemaYa está dicho, el 4-4-2 se ampara en que se trata del esquema que menor especificidad exige a los jugadores. El hecho de que el reparto de zonas sea automático y equilibrado (dos hombres en cada banda y dos hombres en el círculo central) acota el terreno defensivo a custodiar por parte de cada pieza y permite en un momento dado que un mediapunta juegue de mediocentro, un delantero en una banda, etc.

Del mismo modo que los recorridos ofensivos y los repertorios técnicos también admiten una varianza superior. Porque ¿qué tipo de jugador no puede ocupar eventualmente un costado en un 4-4-2?. Sin embargo, por ejemplo en un 4-3-3, de interior sólo puede jugar un interior. Si no, el sistema se resiente. Con el movimiento de una sola pieza, el 4-4-2 puede apropiarse de las ventajas de otras disposiciones.

Luego queda la flexibilidad del sistema de cara a apropiarse de las virtudes de otros. Y es que a partir de un 4-4-2, con el movimiento de una sola pieza y un reajuste simple y corto de las demás, se muta a cualquier disposición y se adquieren sus bondades. Es muy fácil, contra un adversario especialista en el centro y remate, bajar a un pivote (mediocampista defensivo) entre centrales y dibujar defensa de tres para contrarrestarlo.

Como lo es incrustar al pivote en la zaga durante la salida de balón para generar superioridad numérica en los primeros pases e instalarse en campo contrario con mayor claridad. Y de cara a intervalos ofensivos, de sobra es conocido el recurso de cerrar a uno de los de la banda, convertir al otro en extremo y formar un 4-3-3 en ataque para favorecer la formación de triángulos y, por tanto, de la circulación del balón.

En este deporte, la importancia de los esquemas es relativa hasta el punto de que, a menudo, resulta insignificante. No obstante, existen patrones registrados durante un tiempo más que suficiente como para poder extraer alguna lectura que otra. Y si bien no existen razones para determinar que un dibujo es superior a otro de por sí, ni que uno prevalece contra otro concreto en enfrentamientos directos, sí que se daba, y se da, la circunstancia de que mientras distintas disposiciones tácticas se han ido alternando entre sí como la más utilizada de cada época, el 4-4-2 se ha mantenido firme como la primera o la segunda alternativa.

sistemaEl motivo, se insiste, no es que sea el formato que desata el mayor potencial de un colectivo -eso depende de los jugadores-, sino que, por su equilibrado reparto de espacios y su extrema versatilidad táctica, técnica y estilística, se trata de la genuina disposición que ha dado pie a más equipos competitivos. El 4-4-2, casi siempre, posibilita un mínimo de lo más aceptable.

Por: Julio A. Aparicio