A rey muerto, rey puesto es un dicho que representa lo ocurrido en las últimas horas, con ocasión de la partida de Martín Palermo de la banca técnica de la Unión Española, y su reemplazo por quién llegó como Gerente Técnico a la tienda hispana, Fernando Díaz – actual presidente del Colegio de Técnicos de Chile- y viene a ratificar que todavía no se consolida en nuestro medio el cargo de gerente técnico.

Ésta particular situación de quién llega a un club como Gerente Técnico y asume después como entrenador del primer equipo confirma una situación no deseada y deja en evidencia los problemas que se avizoraban en Unión Española y que se mantenían en forma subterránea.

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Fernando Díaz, más que llegar como Gerente Técnico, estuvo siempre a la espera de un traspié que pudiese cometer el técnico Martín Palermo. Era de público conocimiento las desavenencias que tenían ambos y a raíz de esto no se encuentra otra justificación que no sea ésta intromisión de Díaz en las decisiones de Palermo.

Sin ánimo de encontrar la razón a uno u otro, la situación es a lo menos anormal y extraña. En cierta medida la sufrió también, en su tiempo, Ángel Guillermo Hoyos con el Gerente Deportivo de Universidad de Chile Ronald Fuentes, lo que hace pensar que efectivamente el límite de las funciones y de los roles no está absolutamente definido.

Con Marcelo Espina en Colo Colo pareciera que la situación puede también derivar en algo parecido; no en el sentido que Espina vaya a asumir como entrenador, sino que la invasión a competencias propias de los entrenadores en nuestro medio por parte del Gerente Técnico no sea eventualmente muy acertada.

Lo contrario sucede en Europa donde los Gerentes Técnicos están más empoderados en sus roles, más directamente ligados con los presidentes, con los dirigentes y en la toma de decisiones de la conformación de la plantilla. A quiénes se contrata o a quiénes se desafecta pareciera que es una toma de decisiones que corresponde al Gerente Técnico, y al mismo tiempo éste toma distancia en lo que compete al entrenador.

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Es éste último el que arma los equipos, aunque tiene poca o casi ninguna injerencia al momento de contratar jugadores de su preferencia. Esto claramente limita bastante el rol y la figura que representa en un equipo de fútbol su entrenador, primer responsable en el devenir del club al que circunstancialmente dirige.

Se ve mal que inmediatamente desafectado el entrenador de un primer equipo sea el gerente técnico de ese club quien lo reemplace. Da la sensación de un desorden interno que dista mucho del grado de profesionalismo que se pretende dar a nuestro fútbol local.

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