Segunda jornada de los octavos de final, donde Rusia y Croacia avanzaron a la ronda de las ochos mejores selecciones, con sendas victorias vía los penales. Este es el repaso de los encuentros.

España se va de un Mundial en el que nadie la echará de menos.

El Mundial de Rusia ya es historia para España. El equipo de Hierro se despide después de caer en una tanda de penales en la que Koke y Aspas fallaron y en la que De Gea no contuvo ninguno de los cuatro lanzamientos de los rusos. Antes, sólo consiguió empatar ante una Rusia fuerte y defensivamente ordenada. Incluso el gol español fue autogol del ruso Ignashévich. Esta España gris y escasa de ideas se va del Mundial en octavos y lo peor de todo es que nadie va a echarla de menos.

Llegaron los octavos de final. La hora de la verdad. La del todo o la nada. La del pase a cuartos o la vuelta a casa. Y a Hierro, al que se le llevaba días tachando de poco innovador en su país, no le tembló el pulso para, sorprendentemente, innovar. Mantuvo al discutido De Gea y también a Silva. Pero dejó afuera de la titularidad a Andrés Iniesta. Con todo lo que eso conlleva. No sólo dentro del campo de juego sino también fuera.También se cayeron del equipo titular Carvajal y Thiago Alcántara. Por ellos escogió Hierro a Nacho, Koke y Marco Asensio. ¿La intención? Buscar mayor profundidad y crear más ocasiones de gol -bastantes escasas en la fase de grupos- y recuperar más rápido el balón en el centro del campo.

Al frente se encontró España a una Rusia, con Cheryshev en el banco y con las ideas más que claras de esperar atrás, no dejar ni un solo espacio -para eso colocó Chercheshov una defensa de cinco hombres con tres centrales- y salir rápido a la contra con balones largos al gigantón Dzyuba.

Ese plan ruso pareció diluirse pronto. Porque apenas se habían cumplido los diez minutos de partido cuando después de una falta de Zhirkhov a Nacho que lanzó Marco Asensio, España hizo pudo convertir. Fue de Ignashevic en su propia portería porque el defensa ruso, en su intento de impedir el remate de Sergio Ramos, la introdujo dentro de su propia meta.

Pero ese gol lejos de sacar a los anfitriones del partido, estos ni se inmutaron y siguieron como hasta entonces. Dejando la pelota a los españoles y esperando bien atrás. ¿Qué hicieron los hombres de Hierro? Tocar horizontalmente con un ritmo lentísimo. De Busquets a Ramos. De Ramos a Piqué. De Piqué a Alba. De Alba a Busquets. Y vuelta a empezar. Se preocupó tanto España de no perder la pelota que no pensó qué hacer con ella.

En ese estado de letargo, Rusia miró por primera vez a De Gea a la cara. Primero con un tiro lejano de Golovin y después en un saque de esquina que terminó con una mano de Piqué dentro del área. Fue tan clara que no admite protesta. Penal claro. Dzyuba no falló y consiguió el empate cuando el primer tiempo ya terminaba.

En el segundo tiempo España tuvo la tenencia del balón al igual que en la primera parte pero sin ningún plan aparente más allá de tocar a un lado y al otro. “Es imposible hacerlo tan mal con jugadores tan buenos”.

Este panorama oscuro lo vio Hierro. Primero entró Iniesta por Silva y apenas cinco minutos después Carvajal por un contundido Nacho. Diez minutos más tarde el que se marchó de la cancha fue Diego Costa y el que entró Iago Aspas.

Se intentó ya a la desesperada. Con balones colgados -justamente cuando Diego Costa, el que mejor recepciona los balones ahí dentro, ya estaba sentado en el banco-, con tiros lejanos -a punto estuvo Iniesta de marcar con un tiro ajustado al palo derecho de Akinfeev- y desde las esquinas. Hasta tres córners seguidos sacaron los hombres de Hierro. Sin embargo nada funcionó y con el 1-1 en el marcador se terminó el partido.

En la prórroga, más de lo mismo. España, con el dominio de la pelota y con la intención desesperada de acercarse al arco rival y con una Rusia bien cerrada y esperando a que corrieran los minutos. Un último cambio en la prórroga utilizó Hierro sacando de la cancha a Asensio y mandando a Rodrigo. Fue Rodrigo el que a falta de diez minutos para el final protagonizó la acción más peligrosa con una internada por la banda derecha. Para colmo, a cinco minutosdel final, cayó dentro del área Piqué. Todos los españoles pidieron desesperadospenal. Lo revisó el VAR pero mandaron seguir jugando.

Llegó entonces la tanda de lanzamientos penales. ¿Qué pasó? Para España marcaron Iniesta, Piqué y Ramos, fallando Koke y Aspas. Para Rusia marcaron Smolov, Ignashevich,  Golovin y Cheryshev. Rusia no necesitó lanzar el quinto.

España se despide así de un Mundial en el que nada fue bien. Ni antes -al quedarse sin seleccionador dos días antes del inicio-, ni durante -no tuvo en ningún partido una idea clara- ni en el último momento -en la tanda de penales.

El mejor Schmeichel no consigue frenar a Croacia.

Croacia clasificó a los cuartos de final gracias a los penales. La tanda definitiva decidió el encuentro, que había terminado (1-1) después de que Schmeichel parase un penal a Modric en el minuto 115 del alargue.

Cuando un partido va igualado a uno en el minuto cuatro del primer tiempo, pueden haber varias causas que lo detonen. La fuerza de Knudsen en el saque de banda, la mala defensa y el oportunismo propiciaron el primero del partido antes de que se cumpliera el minuto. El defensor Jorgensen puso por delante a Dinamarca al aprovechar una pelota muerta en el área.

Tan solo dos minutos más tarde, un mal despeje, la mala suerte y de nuevo el oportunismo conllevaron a que se equilibraran las fuerzas gracias a un tanto deMandzukiccon un gran remate desde el borde del área chica. La causa de ese regalo fue un despeje de Dalsgaard que terminó en la cara de su compañero Christensen.

Tras las primeras acciones, Croacia comenzó a dominar el partido gracias en el medio del campo de juego. Por medio de la fuerza de Rakitic y Modric, los croatas empezaron a romperlas  líneas con una calidad y potencia envidiables.

Así, crearon ocasiones de gol como el disparo frontal de Rakitic en el minuto 28 que sacó Schmeichel, el rechazo de la misma jugada que mandóPerisic a las nubes o un lanzamiento libre lateral que se fue rozando el palo. No obstante, el dominio croata no privó a Dinamarca de tener también las suyas. La mejor la tuvo Braithwaite, que le pegó algo forzado ante Subasic, quien protegió su portería con éxito. En el minuto 41 la mandaría Eriksen al larguero con un centro que no parecía buscar la portería balcánica.

La segunda parte tuvo mucho menos ritmo. El miedo a quedar eliminados hizo que los dos equipos bajaran mucho el balón. En la primera mitad del segundo tiempo fue mejor Dinamarca, pero no tuvo oportunidades de gol más allá de un disparo flojo de Jorgensen desde dentro del área tras una buena jugada de Poulsen. Croacia despertó y apretó al final, pero ni Rakitic ni Perisic, que fueron los que más lo intentaron, pudieron evitar que el partido continuara en la prórroga.

En los 30 minutos del alargue ambos equipos soltaron parte de la presión que parecía impedir que creasen con libertad. El cansancio y la aparición de espacios también contribuyeron a que el partido encontrase un clima de mayor sensación de peligro, pero la ocasión de ganar el partido la tuvo en sus pies Modric en el minuto 115 desde los once metros.

El propio jugador del Real Madrid mete un pase entre líneas a Rebic, que regatea a Schmeichel y, cuando estaba con arco desguarnecido para empujarla, tarda demasiado y llega desde atrás Jorgensenquien lo traba y le convierte penal para evitar el gol. Jugada maestra, ya que Modric no acertó desde los once metros. Y sí lo hizo Schmeichel, que adivinó el lado. El partido se definiría desde el punto del penal.

Schmeichel y Subasic fueron los héroes en la tanda de penales; el primero tapó dos y el segundo tres, que ponen a Croacia en los cuartos de final y dejan fuera a Dinamarca.

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