Real Madrid se ha consagrado campeón de Europa por tercera vez consecutiva frente a un desafortunado Liverpool que no pudo contrarrestar los errores cometido por su portero; Loris Karius. El portero alemán fue responsable de dos de los tres goles marcados por el conjunto merengue, los cuales claramente marcaron la diferencia en el partido. Aun así, el resultado no solo puede ser  explicado a través de errores individuales, ya que al fin y al cabo son los rendimientos colectivos los encargados de ganar este tipo de partidos tan importantes.

En primer lugar, para poder analizar los rendimientos de ambos finalistas, hay que tener en mente la diferencia en experiencia entre ambos equipos. El Real Madrid por su parte, ha vivido esta misma experiencia cuatro veces en los últimos cinco años, por lo que saben a la perfección como deben desempeñarse para ganar esta competición. Por otra parte, ninguno de los jugadores en la escuadra del Liverpool ha vivido una experiencia parecida, y más aún, muchos de ellos no tienen experiencia en absoluto, tales como Alexander-Arnold, Robertson y el mismísimo Karius. Esta diferencia entre ambos equipos se vio reflejada en el partido, y fue lo que le terminó dándole la victoria al conjunto Madrileño.

Ahora, si nos emergemos de lleno en el ámbito táctico, podríamos concluir que no hubo una gran diferencia en el nivel demostrado por parte de los equipos. Presenciamos dos sistemas de juegos bastante diferentes, el Liverpool de Klopp le intentó dar más verticalidad y  rapidez a su juego ofensivo mientras que los dirigidos por Zidane intentaron controlar el juego a través de la posesión de balón.

En primer lugar, nos enfocaremos en el planteamiento y rendimiento táctico del  conjunto Inglés. Jürgen Klopp, un verdadero máster táctico, sabía perfectamente que el Real Madrid se ha demostrado muy vulnerable esta temporada ante un tipo de ataque muy particular. Uno que le viene a la perfección a su equipo. El Real Madrid se nota incomodo al defender ataques con muchos cambios de velocidad y intensidad.

No obstante, estos ataques relámpagos deben comprometer un número optimo de jugadores para poder causar peligro en la defensa española. Es precisamente por aquello que el Liverpool dominó los primeros 30 minutos del partido. Estos comenzaron la final empujando sus línea defensiva de manera muy avanzada para así meterle una presión constante e intensa en la fase de construcción del juego del Real Madrid. Esto impidió que el conjunto de Zidane pudiese salir jugando y neutralizando cualquier forma de ataque por parte de los merengues.

En estos momentos, la presión alta del Liverpool estaba funcionando a la perfección, recuperando balones en tres cuartos de cancha y permitiendo que sus ataques fuesen compuestos por un alto número de atacantes, generando importante ocasiones de gol. Liverpool fácilmente obtenía profundidad, y las incorporaciones en ataque por parte de Alexander-Arnold y Robertson creaban superioridad numérica por las bandas. Pues la formación del Real Madrid le daba énfasis en ganar el medio campo del juego para poder hacerse de la posesión del balón e intentar controlar el partido desde ahí.

Sin embargo, el problema en esta formación fue que las bandas quedaron completamente descuidadas y que los laterales del Madrid, tanto Marcelo como Carvajal, no tuviesen ningún tipo de ayuda al cubrir los desbordes y corridas de ambos laterales británicos. La presencia de esto laterales en ataques, permitió que Mane y Salah pudiesen centralizarse, así pudiendo asociarse entre ellos los tres magníficos atacantes de Liverpool. Una vez que estos comienzan a asociarse en ataque, son capaces de romper cualquier unidad defensiva a la cual se enfrenten.

Desafortunadamente para Klopp, todo esto desapareció en el minuto 30, cuando Sergio Ramos bruscamente lesionó al mejor jugador del campo: Mohamed Salah. De ahí para delante la dinámica del partido cambió bruscamente a favor del conjunto madrileño, quienes lograron hacerse del balón y controlar de lleno el partido.

Esto nos lleva a analizar el rendimiento táctico por parte de los campeones. El futbol planteado por Zinedine Zidane fue totalmente neutralizado por la propuesta táctica de Klopp. No obstante, el impacto psicológico que generó la lesión de Salah en los jugadores del Liverpool permitió al Real Madrid imponer su sistema táctico en el partido. Y una vez que el Real tiene espacio y tiempo en el balón, estos son capaces de ganarlo todo.

En este momento es donde se comienza a ver la eficacia que conlleva la utilización de aquella formación que generaba una ventaja numérica en la mitad del campo. Con Casemiro, Kroos, Modric e Isco en la mitad del parque, el Real Madrid era capaz de retener y mover el balón con facilidad, incluso cuando el Liverpool intentó replicar la presión de los primeros minutos del partido.

Ahora con Modric totalmente inspirado, no había presión capaz de impedir que el Real Madrid pudiese salir jugando, obligando al Liverpool a tener que bajar considerablemente sus líneas y defender de manera profunda en su propio campo.

Naturalmente, esto generó que el ataque blanco tuviese control total sobre posesión del balón. Aunque estos no hayan sido demasiado efectivos en el último cuarto del campo, el Real Madrid tomó control absoluto de esta final. Estos atacaban y atacaban, sin enfrentar ningún tipo de amenaza defensivamente. Tal y como lo analizamos anteriormente, si no hay números que apoyen estos ataques directos y veloces, no hay problema para la defensa del Madrid.

Más aun ahora que las líneas defensivas del Liverpool estaban tan profundas en propio campo, al momento de contragolpear no había suficientes atacantes como para generar algún contraataque efectivo. Esto se debe a que en combates individuales, la defensa del Madrid es superior a la mayoría de los equipos. Con defensores como Ramos y Varane, y un mediocampista como Casemiro, e incluso Modric, es extremadamente batir a estos en un ataque uno contra uno. Klopp tenía claro que el único vació defensivo que se podía explotar individualmente era la banda de Marcelo.

Marcelo tiende a incorporare constantemente en zonas ofensiva, dejando la banda izquierda del Madrid desprotegida. Es por esto que cuando Salah salió del terreno de juego lesionado, Sadio Mane tomó aquella posición. No obstante, éste se encontraba demasiado aislado y rodeado de camisetas blancas cada vez que se hacía del balón.

Finalmente, fueron las diferencias individuales las que marcaron el transcurso del partido. La lesión de Salah a la media hora, más ambos errores de Karius y el increíble golazo de Bale, fue lo que terminó des balanceando el partido a favor del Real Madrid. Y así terminamos oficialmente la temporada europea, con el Real Madrid haciendo historia y corroborando su legado en este deporte.

Por Benjamín Benavente

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