Hablar de una individualidad en el rugby no parece hacerle honor a su espíritu, no parece ser propio de un deporte en el que el equipo es el principio y el fin del medio para conseguir el objetivo.

Sin embargo en la búsqueda de la organización colectiva todo equipo necesita de individualidades que sean capaz de trascender a su tarea personal, individualidades que sean capaces de coordinar las fortalezas de otros para alcanzar el objetivo, coordinar destrezas de otros que pudieran ser más ágiles, más fuertes, más rápidos, de otros que en conjunto y solo en conjunto conseguirán lo propuesto, así nacen los lideres, así nace ese jugador que sin despreocupar su trabajo, es capaz de conectar las piezas fundamentales y mostrar el camino.

Casos habrán bastantes, lideres con distintos roles y funciones, algunos de ellos un jugador más, otros quizá mejores, habrán capitanes, capitanes por cortos o largos periodos, capitanes con más o menos logros, pero existen casos en los que un muy buen jugador se transforma en un líder, en un líder del equipo sobre el cual están puestos todas la miradas, todas las opiniones, y luego se convierte en capitán del equipo más importante del mundo, en el mejor momento de su historia, y cuando el capitán de la selección de rugby más dominante de la última década se repite en dos campeonatos mundiales, hablamos de una individualidad que trascendió al equipo.

“Richie McCaw” incansable open flanker, número “7” indiscutido de los All Blacks, comenzó su carrera internacional como campeón del mundo en Gales, jugando por el seleccionado sub19, transformándose luego en el capitán del seleccionado m21, iniciando con la misma edad su carrera profesional en la franquicia del Super Rugby, en su club de toda la vida, los Canterbury Crusaiders, y debutando por el seleccionado mayor como solo una individualidad como él podría hacerlo… entrando de reemplazo en un partido que se perdía, para luego remontarlo y ser elegido como el “hombre del partido” del test match jugado en Irlanda el 17 de Noviembre del 2001.

De ahí en más la carrera de Richie McCaw se transformó en el resultado del imaginario de cualquier niño soñando con logros tan inocentes como descabellados. Y es que Richie McCaw ha conseguido resultados impensados en la carrera deportiva de cualquier deportista; año 2001 mejor jugador del mundo sub21, mejor jugador del año en Nueva Zelanda durante los años 2003, 2004, 2006, año en el que además fue elegido como el mejor jugador de rugby del mundo, repitiendo ambos galardones durante el año 2009 y 2010, para continuar con su labor como capitán durante la obtención del campeonato mundial en Nueva Zelanda 2011, e Inglaterra 2015, trascendiendo incluso más allá del espectro del rugby.

Como todo gran líder, Richie fue capaz de ir más allá de su área, más allá de su deporte, más allá de equipo, y así se le ha reconocido en su país, otorgándole el reconocimiento como “ The new zelander of the year 2016” (neocelandés del año 2016) no solo por sus invaluables éxitos como jugado, que incluyen 148 partidos para su seleccionado, si no que por el conjunto de elementos que envuelven su desarrollo como líder, llevando el deporte a los niños de escasos recursos con su organización iSport, por su contribución como embajador de niños con leucemia, por su constante participación en eventos de beneficencia, y por su incansable contribución al beneficio de su comunidad e imagen país.

Sin duda, un reconocimiento más que merecido para uno de los mejores lideres deportivos, y por qué no mundiales, de la última década.