Nuestra columna de hoy es sobre la noche negra vivida en el Monumental, donde una aplastante y, en cierta medida, sorpresiva derrota sufrió el Cacique por 2-0 frente al casi desconocido Delfín de Ecuador.

En rigor, Colo Colo, aún jugando mal, tuvo innumerables opciones de convertir y en justicia aspirar legítimamente a un mejor resultado. Pero ratificó lo que viene mostrando, con escasas excepciones, en el Scotiabank 2018: un equipo calculador a la hora de determinar su plan de juego y privilegiando un ataque basado fundamentalmente en rendimientos individuales a través de balones a distancia para ser aprovechados esencialmente por Rivero. Un Colo Colo orientado a contragolpes predecibles con inútiles elaboraciones y a un mediocampo lento y lamentablemente adivinable.

La paciencia a la que había invocado el DT Guede era claramente una señal de cómo enfrentaría su compromiso. Paciencia que terminó en desesperación y en un frenesí ofensivo inconducente y atribulado.

MonumentalLa culpa de esta derrota es compartida entre la planificación táctica -se venían criticando las ausencias de una presión sostenida y de velocidad para acercarse al arco rival- y en rendimientos individuales bajísimos como el de Paredes, Valdés y Valdivia , entre otros.

No está todo perdido, pero la clasificación se ve lejana. Y lo más inquietante es el estilo escogido por Guede para enfrentar a sus rivales.