En una jornada histórica, Croacia llegó por primera vez en su historia a una final mundialista al vencer en tiempo agregado a una Inglaterra que venía a paso firme con goles de Perisic (minuto 68) y Mandzukic (minuto 108). Se había puesto en ventaja el conjunto inglés con impecable lanzamiento libre de Trippier apenas comenzado el encuentro.

A los croatas no les daban las piernas, pero les sobraba cabeza. No había físico, pero retrasarse y esperar no era la fórmula. Se les venían los tres tiempos suplementarios consecutivos sobre las espaldas pero había un iluminado, que anduvo con la “10” croata y estuvo en el momento justo, que advirtió que Inglaterra estaba con la herida abierta y había que liquidarlo. Y lo liquidó. Con la jerarquía para no bajar el nivel de precisión como IvanPerisic. La valentía para seguir en la cancha golpeado y adolorido como Mario Mandzukic. Porque Vrsaljko le sacó una en la línea a Stones que valió tanto como un gol. Porque Croacia pensó a pesar del cansancio y por eso dio vuelta una historia que pintaba inglesa y que terminó metiendo en la historia a este equipo que aguantó, pensó, corrió, jugó y se metió en la final. Y los abrazos hasta con un fotógrafo, el llanto de todos porque al sacrificio le agregaron ideas, convencimiento y evidenciaron todas las debilidades juntas de Inglaterra.

La historia arrancó bien diferente. Y reducir el 1 a 0 a la gran ejecución de un tiro libre sería irrespetuoso para esta Inglaterra. Porque su valor está en la generación de esa jugada, en la preparación de la misma y luego sí en el pie fantástico de Trippier. Inglaterra pisó el acelerador a fondo desde el inicio con un Dele Alli dispuesto a jugar su mejor partido en la Copa. Y aceleró juntándose con Young por izquierda y metió la diagonal que justo, un crack como Modric, no supo ver que de frente lo esperaban mejor armados. El capitán hizo una falta innecesaria al borde del área y empezó la ceremonia inglesa sumando jugadores a la barrera croata. Más ponían uno, más agregan los otros hasta que 16 jugadores en fila terminaron de entorpecerle la vista a Subasic, quien voló a descolgar la pelota sólo para la foto.

Un balde de agua fría a esa altura del partido, cuando recién iban cinco minutos, no es fácil de asimilar. Pickford leyó lo mismo y apuró enseguida un par de contras para Sterling que por ahora corre, corre pero no termina de cerrar ninguna jugada. El aluvión inglés se venía y Croacia no encontraba cómo pararlo. Young y Alli armaban una sociedad por izquierda por la que Vrsaljko pedía ayuda a los gritos. Inglaterra parecía más cerca del segundo hasta que los croatas despertaron de esa dormida general del arraque. Modric, lejos de su mejor nivel, comenzó a tener más la pelota ayudado por el buen partido de Rebic mientras Rakitic era una sombra y Mandzukic se peleaba con todos y no aportaba.

El tema fue que encontrar los caminos para romper esa línea de tres inglesa que se transforma en cinco ya estaba complicado. Rebic se asoció una vez con Modric y con dos zurdazos consecutivos mostró que el partido estaba vivo, que aunque el control fuera inglés, las oportunidades croatas estaban ahí nomás. Y la intensidad inglesa se fue diluyendo a la par que el sueño croata volvía a Moscú.

Strinic y Vrsaljko ya no temblaban en el fondo y empezaron a proyectarse mientras Modric y Rakitic limpiaban gente en el medio. Un centro, dos centros. ¿Se le puede ganar por arriba a los ingleses? Habría que preguntarle a Perisic, que en el salto más alto de su vida vio venir el centro que no advirtieron ni Trippier y menos Walker. El gol del empate tuvo a los ingleses en el piso discutiendo entre ellos qué había pasado. La presión ya no existía, Kane no aguantaba ni una pelota arriba, Lingard era un jugador normal y la defensa hacía tanta agua que Mandzukic les peleó un balón imposible y del rebote terminó Perisic golpeando el palo.

Croacia se hizo dueño del juego. Anímica y futbolísticamente tuvo diez minutos de jerarquía. Los dos partidos con tiempo suplementario no importaban. Pickford caminaba por la cornisa sacándole una pelota de gol a Mandzukic y después regalándole otra a Perisic. La reacción inglesa iba a llegar porque la entrada de Rashford le dio un poco de aire. Sólo un poco. El partido se hizo eléctrico, sin pausas, entretenido a la vista, tremendo para jugarlo. Modric le ponía cabeza, Perisic peligro porque Croacia quería evitar al alargue. Inglaterra lo sufría y estaba tan fuera de la cancha que cuando a Kane le pusieron un buen balón en la cabeza para resolverlo, pifió.

Modric ya había leído el partido. Y por eso jugó a ganar en el suplementario, con poco físico y mucha voluntad en el campo de juego hasta que insólitamente el técnico lo reemplazó. Inglaterra trató de resolver el dilema y John Stones, con un poderoso cabezazo, estuvo cerca de marcar pero salvó Vrsaljko junto al palo en la primera parte de la prórroga. Y poco después lo tuvo Mandzukic, ante un muslo salvador de Pickford.

El atacante de la Juventus condensó en su persona toda la gloria en un mágico minuto 108. Tras un sutil cabeceo de Perisic encontró el balón donde quería: presto para fusilar con su zurda a Pickford en una acción que convierte a Croacia en finalista. Estrenará esa condición este domingo, ante el equipo de Deschamps, con la convicción de poder tumbar también al vencedor de la edición de 1998.

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