Con ocasión de la grave fractura sufrida por el jugador Francisco Silva de Universidad Católica en el encuentro jugado con Calera el pasado fin de semana, surge una vez mas la inevitable controversia respecto al grado de responsabilidad que le corresponde al autor de estos hechos y que fuera expulsado, a raíz de esta jugada.

Hay quienes sostienen que está medida ya fue una  sanción suficiente al estimar que el jugador no tuvo la intención de dañar y que, a lo más,  hubo cierto infortunio en la jugada.

Partamos de la base que, efectivamente, descartamos  la INTENCIONALIDAD en el sentido que un jugador en la cancha generalmente no actúa con la intención de proferir un daño a otro, cometiendo dolo , ingrediente  esencial para determinar si existe o no delito en determinadas acciones humanas.

Y si no hay delito ¿que hay entonces? Y a nuestro entender en esta jugada, y en otras similares, si hubo responsabilidad del jugador manifestada en la imprudencia, negligencia y fuerza con que actuó. Esos ingredientes permiten sostener que tal acción debe ser severamente castigada y no sólo por los organismos jurisdiccionales deportivos (que lo castigaron con 10 fechas). Incluso si el jugador afectado lo estima pertinente podría accionar, ante Tribunales Penales Ordinarios. Al respecto existe abundante jurisprudencia en el sentido que dicha conducta podría estimarse culposa.

No he querido individualizar en este análisis al agresor para que no se entienda animosidad de mi parte. Pero si establecer que está muy bien castigado.

!Así de simple!