Si a un futbolero de tomo y lomo le dan la posibilidad de conocer el estadio Monumental de River, no dudaría en ir.

Si a este mismo futbolero le planteas que está la posibilidad de ver una final de Copa Libertadores (juegue quien juegue), sin duda va.

Ahora si a estos dos factores antes mencionados, se le suma que este partido lo juegan dos clubes tan emblemáticos e importantes como Boca Juniors y River Plate, simplemente toma carácter de una cita imperdible.

Ya concretado el encuentro, el escenario pasaba a ser una mera anécdota, pero Buenos Aires cobijado bajo su apodo de la “Ciudad de la Furia” no está para chicas, BA es siempre protagonista y en esta ocasión sacó a relucir su lado más oscuro en el punto más álgido. El día del soñado partido del 24 de noviembre del 2018.

Ya todo se podría desde la madrugada cuando después de la pasada por Palermo, a eso de las 2:30 am, las entradas pactadas no llegaron al destino de la recepción para turistas paraguayos, uruguayos, ecuatorianos, bolivianos, etc. Teléfonos sin contestar, mail sin respuesta y un sin fin de hipótesis que no hacían más que martillar en la cabeza los 1480 kilómetros de distancia realizados en la travesía desde Valparaíso.

Finalmente, algunos con menor suerte, se resignaron a la estafa. Otros no bajaban los brazos y todos estaban tras una entrada. Las conversaciones con una empresa responsable que dio devolución inmediata del dinero y un chileno amigo que tendió la mano con una entrada sobrante cuando ya todo tomaba color de hormiga, nos ponía nuevamente en camino a la cancha.

Ya camino al estadio, la efervescencia se palpaba por las calles cercanas. Uno como chileno siempre mantiene una relación de simpatía con Boca, pero la pasión que se sentía en el ambiente en el equipo de la “banda” impresionaba, y las anteriores visitas a la bombonera quedaban como una mera anécdota tras semejante fiesta de River, que como toda gran fiesta, tiene de todo.

En esta sociedad argentina tan reactiva, malentendidamente pasional y vulnerable a levantar y a hundir, lo que obnubiló inicialmente, se fue disolviendo en las afueras de la cancha, en base al excesivo consumo de alcohol y drogas. A eso se sumaban saqueos de automóviles, asaltos de turbas a espectadores con entradas. En paralelo, se informaba que los “Borrachos del Tablón” (Barra oficial) no asistirían a la cancha por una serie de elucubraciones, las que se materializarían en la detención de uno de sus líderes con miles de dólares y con al menos 300 entradas. Se agrega la incapacidad de la policía de controlar masas, basada en su excesiva violencia y nefasto sistema de accesos. Punto aparte para la llegada de Boca. Cuatro vidrios rotos y un jugador evidentemente malherido, resumen de lo que vendría después.

A eso de las 15:30 horas la cancha estaba a tope y la fanaticada Banda sangre era canto y alegría, severo contraste con lo que ocurría en paralelo a las afueras de la cancha, donde la violencia se había tomado las calles y en donde grupos de barristas arremetían contra la policía generando un clima de caos.

En cualquier lugar del mundo con esos elementos el partido no se jugaba, pero la falta de decisión de las autoridades obligó a suspender, no una vez, sino dos veces el encuentro. Como anécdota, la conversación y ambiente no faltaba dentro de la cancha, es más, cuando sale a calentar la terna referil, ya se respiraba que la redonda iba a correr. Sabiamente, se toma la decisión más sensata, no se juega por ventaja deportiva y se cambia para el día siguiente. Camino a casa amargo, pero nada estaba perdido.

La ilusión del futbolero tras dejar todo, no era una limitante para mover cuanto fuese necesario en pos de vivir semejante experiencia. Ya por la mañana, la tarea era el ajustar vuelos y coordinar reservas de hotel, los que al cabo del andar del día fueron en vano, puesto que tras la insistencia de Boca Juniors el partido justamente se postergó. Argentina no estaba preparada para una final.

La experiencia vivida sin duda enriquece, pero es en vano cuando la pelota deja de rodar, eso es derrota, pero derrota por los desadaptados, ladrones, estafadores, abusadores de alcohol y drogas…

Una sensación de lástima y vergüenza aborda a cada futbolero, incluido Hans, venido desde Praga, quien viajó solo a ver el partido, pero que deja a luz la peor cara del pueblo argentino, que de no aprender se seguirá hundiendo para seguir explotando desde adentro.

Simplemente a veces el fútbol deja enseñanzas sin siquiera jugar, pero “lamentablemente”, la redonda a veces debe dejar de rodar.

Desde Valparaíso a Buenos Aires…

Por Wladimir Rendic y Branco López

 

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