El recuerdo de Nelson Oyarzún, siempre se mantendrá vivo en el mundo del fútbol. Su presencia, la forma de encarar los desafíos y principalmente su  mensaje, lo transformaron en un adelantado para su época.

Luchó con la incomprensión del medio, como generalmente ocurre con todos aquellos que intentan romper cánones y moldes.

Si uno mira en retrospectiva se podría decir que su presencia marcó un cambio sustancial en la forma de realizar la  preparación física y después como entrenador en la forma de encarar los partidos.

Era un hombre “frontal” que iba al frente y su discurso permanente fue infundir carácter y personalidad a los jugadores.

Con un paso breve po Universidad de Chile, tuvo la oportunidad de trabajar con “Lucho” Álamos, formando una dupla muy potente con seguidores que se transformaron en “adoradores”.

El equipo que más lo recuerda es Ñublense de Chillan, donde dirigió varias temporadas

La legión de jóvenes que siguieron sus pasos, sistemas de trabajos y discursos, fueron una demostración clara que estábamos en presencia de un hombre diferente.

Quiso el destino que sufriera una enfermedad tan cruel como el cáncer, y que, a pesar de combatir valientemente, lo derrotó y le quitó la vida antes de tiempo.

Aún su recuerdan sus últimos horas de vida cuando notoriamente deteriorado, se sentó en la banca de su querido  Ñublense para dirigir su último partido.

Tuvo sus detractores como todos los innovadores pero son muchos más quienes aún recuerdan su gran legado, discurso, enseñanzas y manera de comportarse.

Algunos se aventuran a comentar que de no morir tan joven nuestro país hubiera sido campeón de América  muchos años antes, asociando su estilo futbolístico al de Marcelo Bielsa y Jorge Sampaoli.

Sin dudas un gran ejemplo!!

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