Era una noche especial. Millones de televisores conectados con la transmisión del Abierto de Australia, que tenía como protagonista a nuestro compatriota, Marcelo Ríos, quien vivía su primera experiencia en una final de grand slam. Experiencia para olvidar: su rival, el checo Petr Korda despachó en una hora y 25 minutos al “chino” por un triple 6-2.

El “pájaro loco” fue un rival intratable, un vendaval difícil de detener que mostró un juego destructor y una velocidad de pelota “inesperada”, para la prensa de la época. Después de meter un tiro ganador en el match point, se puso de rodillas y lanzó su raqueta a la tribuna. Posteriormente producto de la emoción, corrió a abrazarse con su entrenador, Iwo Werner, su mujer Regina Rajchrtova y la hija de ambos, Jessica de 5 años.

Es necesario señalar que el favoritismo era del chileno, el cual fue borrado por un inspirado Korda que concretó siete quiebres de servicio, ante sólo uno de Ríos, para así alzar lo que sería su única corona major.

La campaña del “chino” daba para soñar: en su debut derrotó sin problemas el sudafricano Grant Stafford, y en segunda ronda venció al sueco Thomas Enqvist. De este modo se fue abriendo poco a poco el cuadro, sus rivales fueron derrotados fácilmente, Andrew Ilie en tres sets, Lionel Rioux y Alberto Berasategui en cuatro parciales. En semifinales “barrió” con el francés Nicolas Escude por 6-1, 6-3, 6-2 para meterse en la definición de Australia con una racha de 11 victorias consecutivas en la temporada 1998.

Pero no se dio.

Sin embargo, es importante destacar que lo logrado por Ríos era todo un hito para el tenis nacional. En ese entonces se convertía en el tercer chileno en llegar a una final de un Grand Slam. Antes de eso, lo lograron Anita Lizana en Forest Hills 1937 -en césped y sin perder un set- y Luis Ayala en Roland Garros ’58.