La impecable inauguración de los Juegos Panamericanos que se realizan en Perú estuvo marcada por principios básicos de un país tercermundista pero pujante y rico en su historia, cultura y diversidad étnica. Sencillamente aprovechó de mostrar al mundo la realidad de un país con enormes dificultades económicas y con severas desigualdades sociales y con gran maestría escénica logró precisamente esos propósitos.

Otra cosa a destacar fue la sobriedad de sus discursos y la ausencia de aprovechamientos políticos.

A medida que avanza este magno torneo se pueden ya captar insuficiencias en su vialidad, hotelería y transporte. Pero es justo reconocer que las soluciones han sido asumidas profesionalmente.

Se sabe que Chile será el próximo país organizador en el año 2023 y que la tarea por delante es gigantesca pero también sabemos de la gran capacidad de organizador eventos deportivos de nuestro país.

Pese al avance en infraestructura de los últimos años, aún hay mucho que hacer y bien sabemos que este desafío además nos brinda una oportunidad para incrementar construcciones deportivas como también para incentivar a nuestros deportistas.

Cuatro años pueden ser los adecuados si desde ya asumimos que la tarea está en marcha y consideramos que los próximos Panamericanos están a la vuelta de la esquina.