Se inicia un nuevo año deportivo, y a pesar de todos los problemas que afectan a Santiago Wanderers, el equipo de Valparaíso sigue encantando a su hinchada y sorprendiendo al medio nacional. Pareciera que siempre existen mil factores en cada inicio de temporada que hacen pensar lo peor, pero el decano siempre logra mantenerse en pie y recurrir a una mística envidiada por cualquier otro equipo del mundo.

Historia ya escrita es la capitanía de Jorge Ormeño, el paso fugaz del embajador David Pizarro, un hasta pronto para el corazón insufrible de Mauricio Viana y para la fidelidad de Carlitos Muñoz, aunque éste podría regresar. Algunas de estas partidas pesan y duelen, sobretodo la de David, que puedo asegurar que es al que más le afecta su desenlace en la institución. Sin embargo, el fútbol es como la vida, y se renueva con el paso del tiempo gracias la llegada de nuevos pintores. Será el turno entonces de la jerarquía de Gabriel Castellón, un hincha en la cancha que soñó con defender al club que ama, la temprana madurez de Adrián Cuadra, quien a pesar de su juventud tomará una responsabilidad inusitada, y nuevos líderes que como nunca antes llegarán a entregarle identidad al Decano.

Vimos jugar este nuevo equipo frente a Universidad de Chile en el inicio del Apertura 2016 y perfectamente la diferencia de plantel se pudo hacer notar más en el estadio Elías Figueroa. Sin embargo, el equipo que ahora adiestra Eduardo Espinel mostró de qué color será la sangre de este nuevo Wanderers, y muy lejos de hacerse batir, logró el primer triunfo, el cual fue celebrado como un pequeño campeonato en la mitad de la cancha.

Hoy el equipo caturro nuevamente tiene MAGIA, lo cual no es una novedad para quienes entienden la historia de la institución, y menos para quienes han recorrido los cerros de la ciudad que representa. Pero por lo general la MAGIA no basta, deben existir imperiosamente argumentos racionales para alimentar este espíritu, como también jerarquía deportiva para conseguir resultados positivos.

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Existen dos factores. Primero que todo, la bullada “Patrulla Juvenil”, la cual ha mediatizado su concepto luego de la victoria sobre la ‘U’ en Playa Ancha. Hoy Wanderers posee una generación que espontáneamente refleja amor y agradecimiento de vida por defender la historia de esta camiseta, a eso se suman que son futbolistas de primera calidad que se cansaron de triunfar en los campeonatos de todas las divisiones menores del fútbol chileno. Ambas virtudes, identificación y calidad, son muy difíciles de encontrar en cualquier club, incluso en el mismo elenco porteño, por lo que en estos años la institución tiene el desafío y la gran obligación de proteger esta inédita generación de oro. En esto me puedo arriesgar, pero estoy seguro que esta camada de jugadores será una de las que más satisfacciones le brindará al fútbol nacional en la posteridad, así que atención Selección Chilena… Lo podría firmar.

A esta fuerza joven, se suma la “Patrulla Uruguaya”, sembrada sin duda tras el fugaz, pero trascendente paso de Alfredo Arias por Wanderers. Las llegada del ganador Eduardo Espinel como líder, junto a la juventud e irreverencia de David Terans, la experiencia del pelado Federico Pérez y la generosidad que pueda demostrar el Rorro Pastorini, conforman una legión que probablemente podría generar una nueva etapa en la institución. Hay uruguayos ‘buenos’ y uruguayos ‘malos’, como chilenos los hay, y vietnamitas también, pero lo que más ha diferenciado a los charrúas ‘buenos’ en el mundo es su desarrollada esencia de lucha y pasión, eso es lo que esperamos de estos cuatro embajadores uruguayos en Wanderers.

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Federico Pérez, celebrando el gol del triunfo ante Universidad de Chile.

Por cerca de cien años, Uruguay ha brindado futbolistas que representan la raza más pura que da cátedra de entereza deportiva, los cual les ha llevado a triunfar con creces, a pesar de nacer en un pequeño territorio de pocos habitantes. Aquello lo conocemos como la “Garra Charrúa”. Cuando hablo de esencia de lucha y pasión, me refiero a los orígenes, cuando este país ganó dos torneos olímpicos en 1924 y 1928, más dos campeonatos mundiales de 1930 y 1950; esos cuatro batatazos marcan el inicio de los uruguayos ‘buenos’ en este deporte, que ante todos los obstáculos se ubicaron en la cima, liderando los orígenes del fútbol.

Menos de aquello no se les pedirá, pues lo llevan en la piel, y definitivamente han llegado al club correcto, donde se respira entereza. Alguna vez Marcelo Bielsa dijo que Santiago Wanderers era el Newell’s de Chile, y seguramente Arias y Espinel han adoptado a Valparaíso como su pequeño Uruguay… La razón es simple: Wanderers y Valparaíso tienen esa magia, esa magia de lo ‘bueno’… Cada porteño vive con pasión y lo demuestra a diario con un temperamento a veces muy difícil de entender en otras ciudades, pero son justamente esas las cualidades que representa este equipo, ahora con la noble mezcla entre el verde puro de sus canteranos y la garra celeste de sus foráneos.

Para los Wanderinos lo venidero no garantiza una temporada de éxitos, así que a no hacerse falsas expectativas, más aun considerando que es un plantel diezmado, donde los referentes experimentados han partido, y sin duda que pesará por mucho tiempo el lamentable desenlace de David Pizarro. Sin embargo, la esperanza es inherente al porteño, aquel porteño que nadie le ha regalado nada, y que debe luchar siempre tres pasos por detrás del resto.

A ilusionarse… porque de eso se trata la vida.

Nelson Osses.