El titulo de “Más que una pasión”, quiere reflejar en la siguiente crónica, que más bien va dirigida a nuestros hermanos argentinos, pero nos gustaría que no se tome como una crítica, sino muy por el contrario, se trata de la descripción de un admirador de su fútbol, especialmente, desde la llegada del nuevo milenio, hasta esta parte, precisamente, por el título de la nota, y como se vive la pasión de este deporte, en el país vecino.

Cuando observamos un encuentro de la liga argentina, no sabemos si vamos a ver un buen espectáculo, lo más probable es que no, como viene pasando incluso con los equipos grandes, o lo más probable que sí, si se lo proponen, con la calidad de jugadores que poseen, como el 2 a 2 entre Vélez y Central, en el Amalfitani, un auténtico partidazo, en el cierre de  la jornada dominical, con muy buena actuación de Alfonso Parot, en los “canallas”.

pasión
Alfonso Parot y su primer gol en Central.

El nivel del espectáculo, dependerá, de qué lado cae la moneda, sin embargo, lo que de seguro no faltará en dicho evento, es el elemento que por lo menos, a nosotros nos cautiva, y que nos hace seguir el desarrollo de su liga, temporada tras temporada, que es la pasión con que viven los argentinos este deporte. Pero no esa pasión mal entendida, la de los hinchas enfervorizados cantando en la tribuna, nos referimos a la pasión del futbolista, que se juega una pelota en la mitad de la cancha, comenzando el partido, como si fuera la más importante, el que tiene un miedo a perder, indisimulable. Ni hablar de los entrenadores, que son cambiados como si fueran simples fusibles.

Esa pasión, que demostró Guillermo, técnico de Boca, cuando su defensa, Leonardo Jara, le dio el triunfo a su equipo en el último minuto, este sábado recién pasado. Alguien, no con poca razón, puede señalar que le pareció un tanto exagerada la celebración del mellizo, incluso subiéndose arriba del arquero suplente en el festejo, si sólo se trataba de un triunfo agónico sobre Tigre, en la Bombonera.

También es verdad, que mañana se juega más que una final con River, por quedarse con la Supercopa Argentina, y el entrenador xeneize, quiso dar la señal, que llegaban en óptimas condiciones al duelo del miércoles. Lo que no contaba Barros-Schelotto, es que un par de horas más tarde de su dramático triunfo, Gallardo y sus dirigidos, festejaban de igual forma, luego de la victoria, también en el último minuto, con un autogol, en su visita a Paraná, para enfrentar a Patronato. La banda sangre, celebra el doble, ya que cortan una racha de mucho tiempo sin victorias.

Pero para que esto que decimos, lo de la pasión por el fútbol de los argentinos, sea fácilmente comprobable, citaremos dos ejemplos, sucedidos en distintas épocas de la historia reciente de Argentina, respecto de cómo los argentinos, viven este apasionante disciplina.

El año 2001, Argentina vivió la peor crisis de su historia, en lo social, lo económico, y especialmente, en lo político, con la desprolijidad, de tener a tres Presidentes de la República, en tres meses, en otro hecho, que sólo puede pasar en ese país, con los bancos y las autoridades de la época, inventando un “corralito”, que le impedía retirar los ahorros de los bancos a la gente, y con los trasandinos haciendo fila afuera de los Mc Donalds, para capturar la comida desecho del día.

Pues bien, lo único que se mantuvo inalterable en ese apocalíptico 2001 para ellos, fue justamente la pasión por este maravilloso deporte, con las canchas (como le dicen ellos al estadio) siempre llenas, (no sabemos cómo lo hacían), con dos fiestas inolvidable, en la coronación de los campeones del segundo año del milenio, el San Lorenzo del “ingeniero” Pellegrini, a estadio lleno en el Nuevo Gasómetro, y Racing, tras 25 años de sequía, y en la cancha, (lo que para nosotros es la cancha) los futbolistas matándose por trabar una pelota sin ninguna trascendencia, para nosotros, porque para ellos, esa pelota era la vida.

Más acá en el tiempo, ya en plenas clasificatorias para Brasil 2014, recordamos un encuentro bien entrado en el certamen, con Argentina cómoda en la tabla, enfrentando a Venezuela, en el Monumental de River. La albiceleste goleó 3 a 0 a los llaneros, pero lo que nos llamó poderosamente la atención, fue la celebración del gol, con Higuín, el autor de la conquista, iniciando una carrera loca, sin rumbo, absolutamente ido, como si se tratara de la final del mundo, y con el compuesto Sabella, siendo zamarreado por su staf, con la corbata en cualquier parte. EL TERCER GOL A VENEZUELA, DE LOCAL Y YA CLASIFICADOS.

Para la eliminatoria a Sudáfrica, según nuestro criterio, Chile enfrentaba un duelo clave para la clasificación, cuando a poco de iniciarse la segunda rueda, debía medirse con Perú, en Lima. De acuerdo a nuestro análisis, un triunfo en ese partido, nos depositaba casi con un pie y medio en Sudáfrica, como finalmente, terminó aconteciendo, el triunfo y la clasificación.

Los goles que convertía la selección de Bielsa, no los gritábamos por varios motivos. Primero y principal, porque de acuerdo a nuestro pensamiento, la ecuación conformada por la dirigencia nacional, encabezada por Harold Mayne-Nicholls, el cuerpo técnico, encabezado por Marcelo Bielsa, y el plantel de jugadores, no podía tener otra resultante que el éxito, tal vez no en Sudáfrica, pero sí, en los años posteriores, por lo que nos dedicamos a disfrutar el brillante fútbol desplegado por nuestra selección,  como aquel triunfo casi sin errores sobre Argentina, con anotación de Fabián Orellana.

Cada acción de peligro o cada gol de la Roja, no nos sorprendía para nada, puesto que era el resultado lógico del sistema Bielsa. El gol de Orellana ante los trasandinos, es la jugada perfecta diseñada por el rosarino, en esa conquista, se encuentran todos los fundamentos del deporte rey, de acuerdo a lo que propone el “loco” Bielsa.

La única vez que nos manifestamos frente al televisor, fue justamente en ese partido de Lima, que comenzamos ganando a los dos minutos de juego, con una volea de Alexis Sánchez. Promediando la primera etapa, el “Loco” Vargas, derriba al “Niño Maravilla”, en su zona penal. Frente a la pelota se para “Chupete Suazo”, fue en ese momento que nos paramos frente al televisor, y textualmente le exigimos a Humberto, “chupete, no sabí lo importante que este gol, no podí fallar, si lo hací, estamos en el Mundial”.

Suazo lo hizo, pero de inmediato vino el descuento peruano, y la cosa se complicó, hasta que a 10 minutos de finalizar el encuentro, llegó ese carrerón interminable de Alexis, para cederle el balón a Matías Fernández, que venía acompañando la jugada, para decretar el 3 a 1 definitivo.

Todo este preámbulo, para detenernos en el festejo de aquella decisiva conquista, mientras nos quedábamos sin voz, gritando el tercero de Chile, “Matigol”, iniciaba un suave trotecito, con el ademán del teléfono, en dirección donde se encontraba Sánchez, que estaba tirado en el piso, totalmente extenuado, por la interminable carrera. La celebración de este gol, por parte de los jugadores nacionales, daba a entender, que no eran conscientes de la importancia de los tres puntos obtenidos en Lima.

Dos formas de pasión, totalmente opuestas, en ningún caso excluyentes, muy por el contrario, nos encanta esa sangre fría de Matías Fernández, en ese festejo medido, al que apenas se sumó Suazo, también con un suave trotecito, pero la adrenalina que se vive en cada juego del balompié trasandino, es única, el miedo a no perder, hay mucho en juego, y eso se traduce en el terreno de juego, y eso, también nos encanta.

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