Hoy el decano del fútbol chileno exhibe dos caras al país: Atraviesa un delicado presente en lo dirigencial y un interesante momento en lo deportivo. En lo institucional, jugadores emblemáticos han debido re pactar sus sueldos para asegurar su permanencia en el club, y principalmente para no profundizar en la sensible crisis económica que sufre el club.

De esta manera lo están haciendo los jugadores con mayor remuneración como David Pizarro, Carlos Muñoz, Mauricio Viana, Paulo Rosales, entre otros; los tres primeros canteranos apelando al sentido de pertenencia por el equipo y al “amateurismo” tan bullado en los últimos años en nuestro medio.

Sin duda, la actitud de los referentes, cediendo en sus remuneraciones y aportando como muy pocas veces se ha visto en este deporte cada vez más frío, ha contagiado el amor por el club de Valparaíso al resto de jugadores que provienen de las categorías menores.

No es casualidad que en prácticamente toda esta temporada la bandera de lucha del “Vagabundo del Puerto” la han llevado futbolistas provenientes de casa, y haciéndolo de muy buena manera. La actitud, personalidad, calidad y vergüenza deportiva que se evidencian los canteranos en cada compromiso, no hace más que generar un arraigo mucho más pasional e incondicional en cada hincha que sigue a Wanderers, olvidando cualquier problema extra deportivo.

Jamás me olvidaré del momento en que, para pagar mis estudios, trabajaba en el Teatro San Ginés y tuve la oportunidad de encontrarme con el vanguardista Marcelo Bielsa, quien hacía la fila para ver una obra. Con mucho temor a equivocarme, me acerqué, le pedí salir de la fila y le ofrecí un café. Él aceptó pero de manera desconfiada, ya que probablemente precisó mi ansiedad y emoción al encontrarme con él.

El café no duró más de cuatro minutos, pero aproveché aquel momento para decirle que era oriundo de Valparaíso, donde era inevitable sentir un amor sincero por Santiago Wanderers. Él me contestó que consideraba que en la ciudad puerto se vivía una pasión al fútbol muy cercana a su querido Rosario, y que el hincha acérrimo de Newell’s tendría características cercanas a la de un sufrido wanderino. Recalcó, sí, que en medida proporción, dada la idiosincrasia de uno y otro país.

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Expongo el encuentro con Bielsa, pues a mi criterio es uno de los hombres más pasionales y creativos de este deporte que he conocido. Es más, es uno de los fundadores del espíritu amateur del fútbol contemporáneo, que tanto se intenta proteger. En Valparaíso ocurre eso,  el fútbol es un deporte que trasciende a lo que ocurre  en la cancha, una actividad cercana a la religión, que te genera valores al representar una camiseta y te obliga a sentirte parte de una ciudad. Que don Marcelo se haya identificado con este club, emulándolo con su fanatismo, es claramente un motivo de orgullo.

Aquel sentido de pertenencia, el espíritu amateur, la garra de querer de hacer las cosas bien, no solo para un propósito personal, sino para ayudar a un club, es que lo que quiero enaltecer en esta columna y es lo que están demostrando grandes y chicos en esta versión de Santiago Wanderers.

Un elenco caturro que encanta en lo deportivo, que genera pasión dentro y fuera de la cancha, y que enamora en las buenas y en las pésimas. Es un sincero reconocimiento para todos los canteranos que hacen sus primeras armas, como también para los referentes liderados por David Pizarro, el ‘embajador porteño’ tan criticado en el último tiempo.

David es el símbolo, no cobrará el próximo semestre, pero aquello es solo una arista mínima de todo lo que ha hecho en su carrera por su querido Valparaíso. Nadie puede reprochar que paseó el nombre del puerto por el mundo entero a través del fútbol, y que ayudó a su gente cada vez que pudo, a conocidos y desconocidos porteños, demostrando aquel espíritu protagonista en estos párrafos.

Gracias muchachos y sigan demostrando que aman lo que hacen.

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