Reflexiones a 24 horas del cierre de la fase de grupos. Fue el corolario de un proceso que comenzó a despertar dudas e incertidumbre desde el debut. La crónica de una muerte anunciada para el equipo de Hernán Caputto que se despidió sin pena, sin gloria y sin fútbol, del mundial sub 17 de India.

Cuando aún seguimos digiriendo la eliminación de la Roja adulta en la carrera hacia Rusia, Chile recibe un nuevo y duro golpe con este temprano retorno a casa del mundial juvenil. Otro fracaso que despierta inmensa incertidumbre respecto al recambio, a la renovación y al futuro de Chile en lo que a la pelotita se refiere.

Fue el cierre definitivo de un ciclo largo y exitoso que terminó, lamentablemente, con un impacto fuerte, de esos que deben hacer reaccionar.

Primero fue la sub 20 de Héctor Robles con jugadores que en el papel daban para ilusionarse, pero que volvieron con el rabo entre las piernas desde el Sudamericano de Ecuador. Luego la lenta decadencia del combinado de Pizzi que concluyó sin Copa del Mundo y con una olla de grillos destapada.

Ahora, la despedida de la “Baby Roja”, sin goles, sin garra, sin vergüenza deportiva. En fin, momento de largo análisis, pero sin olvidarnos de lo que pasó en la cancha de Guwahati, donde Chile salió a jugarse su última oportunidad ante México.

Luego de dos goleadas por parte de Inglaterra e Iraq, la Rojita debía mostrar todo lo que no hizo, en un solo partido. Misión difícil con México al frente, que también buscaba resultado para asegurar la clasificación.

Pero al parecer, el manejo de la presión no es el fuerte de este equipo. Una vez más, saltaron al campo de juego temerosos, nerviosos, sin disfrutar de la tenencia del balón y carentes de una idea de juego que les permitiera, por lo menos, buscar el gol, el objetivo principal de este deporte.

Además, era el último respiro, una chance de clasificar, pero nada de eso hizo despertar a estos jugadores que estuvieron dormidos desde su arribo al gigante asiático.

El portero Bórquez volvió al arco luego de su expulsión ante los británicos y tuvo bastante trabajo con los constantes ataques del “Tri” de la mano de Diego Lainez y Andrés Pérez. Los norteamericanos manejaban a su antojo las acciones y no se vieron demasiado complicados enfrentando a los chilenos que no conseguían soltarse para llegar a lo que, se supone, estaban buscando, el triunfo.

Caputto había movido el tablero y nuevamente dejó en la banca a dos jugadores con buen pie, con un poco más de fútbol que el resto: Jairo Vásquez y Branco Provoste. Así, el mediocampo parecía por momentos despoblado, sin presencia.

Segundo tiempo y la tónica se mantuvo a pesar de los ingresos de Willian Gama y Diego Valencia. Chile no provocaba peligro y México seguía exigiendo las tapadas de Bórquez.

Sobre el final, el mexicano Roberto de la Rosa pudo anotar pero la pelota dio en el palo. Minutos más tarde, Gama también estuvo cerca de lograr el milagro pero la pelota se fue desviada. Empate sin goles, clasificación para los del norte y amarga eliminación de los del sur.

Fue el fin, no hubo respuestas y lo que es peor, ni siquiera hubo un equipo con ganas de  ganar, no hubo sed, Chile no estuvo. Caras tristes al abandonar el Estadio Indira Gandhi y un nuevo fracaso para nuestras selecciones, si algo faltaba para cerrar esta década de éxitos, era esto.

Más encima, rápidamente surgieron las críticas y duros cuestionamientos al trabajo de Caputto. Pero tiempo para buscar culpables hay bastante, las “Rojas” en todas sus divisiones entrarán ahora en un receso obligatorio, que esperamos sea lo más corto posible.

La Rojita
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Por Matías Fuenzalida

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