Llegó marzo, y aun no sabemos a ciencia cierta en qué fecha se dará el puntapié inicial a la Segunda División Profesional de nuestro fútbol. Lo cierto es que su desarrollo para este año no está exento de polémicas y bochornos (leáse caso Deportes Vallenar, equipo al cuál la ANFP le arrebató arbitrariamente su ascenso y que ahora deberá definir la participación o no del equipo del Huasco en ésta división de la cual ya fue campeón y logró su ascenso en cancha a la Primera B, como debe ser).

La Segunda División, recordemos, comenzó por allá por el año 2012 bajo controversias con la ANFA (quienes perdían el ascenso directo a la primera B). Finalmente, y con intervención de la FIFA, el novel campeonato pudo iniciarse con la participación de filiales de equipos de Primera División y Primera B más equipos postulantes de Tercera División que cumplían con ciertos requisitos.

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El desarrollo de este campeonato ha vivido plagado de penurias. Son algo así como 300 trabajadores, cifras más cifras menos, que buscan reflotar sus carreras o dar sus primeros pasos en el balompié rentado. Muchas veces con lo mínimo. Sin insumos, recibiendo sueldos con más de 15 días de retraso en muchos casos.

No tienen el dinero, ni la fama de Alexis, ni Vidal. No viajan en primera clase, ni en avión a disputar sus encuentros a lo largo de todo Chile. Como profesionales del deporte, los jugadores deben tener una preparación adecuada ya sea con preparadores físicos, kinesiólogos, nutricionistas, entre otros, que ayuden a la ejecución de cada encuentro y entrenamiento. En esta división pensar en dichos facultativos es un lujo.

Actualmente, 9 equipos militan en ella. Colchagua, Deportes Recoleta, Deportes Santa Cruz, Fernández Vial, General Velásquez, Iberia, Independiente, Malleco Unido y San Antonio Unido.

De ellos varios con muchos problemas económicos. Entre los más complicados está Malleco Unido, cuadro abrumado en materia monetaria y en las condiciones de trabajo, incluso llegó a anunciar a fines del año pasado su no participación en la división de bronce de nuestro balompié. Otros planteles llegan a marzo sin pretemporada, otros sobreviven gracias a rifas y amistosos pregonados en las plazas o parques de la localidad que representan.

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Desde que se creó la división a fines de 2011, nunca ha recibido un apoyo económico permanente desde la ANFP. Es más, lo único que les toca son una decena de balones de fútbol, gentileza de la marca que viste a la selección nacional. Por otra parte, la ley Estadio Seguro obliga a los clubes a realizar arreglos y tener guardias de seguridad en los estadios, con costos que simplemente descuadran aún más las empobrecidas arcas de las instituciones.

Asimismo, como no ingresan dineros desde la televisión, ya que el Canal del Fútbol (CDF) nunca la ha potenciado a la división como producto deportivo, la crisis se hace más grande. En resumidas cuentas, es como echar dinero a un saco roto. ¿Es esto fútbol profesional?

Al día de hoy la ANFP ni siquiera ha definido el sistema de campeonato para el 20

18, ha alargado innecesariamente la resolución sobre Deportes Vallenar y los equipos siguen a la espera para dar por fin inicio a este campeonato inventado entre gallos y medianoche y que pocos réditos le dan a sus instituciones participantes.

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Por: Julio A. Aparicio C.

 

 

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