¿Qué hacer para evitar los desmanes de un sector del público que promueve incidentes con el claro propósito de suspender los partidos?.

No es fácil dar una respuesta a un fenómeno que con gran fuerza y énfasis se ha instalado, a partir de lo que se ha dado por denominar estallido social pero que ya estaba presente aún antes.

Pero para intentar dar una respuesta responsable hay que procurar previamente hacer un buen diagnóstico de sus causas para así encontrar buenas soluciones.

Para ello el uso del lenguaje apropiado es muy importante.

Así, los que provocan desmanes no son hinchas. Son simplemente delincuentes y hay que tratarlos como tales. Asumida está realidad las medidas a tomar necesariamente serán muy diferentes.

A un hincha, a un aficionado, a un socio, a un fanático, hay que darles las facilidades y comodidades necesarias por parte de los clubes para que disfruten del espectáculo como contrapartida al precio que pagan por asistir.

Eso hoy, lamentablemente, no ocurre. Controles excesivos, estacionamientos lejanos e insuficientes, servicios higiénicos sucios, venta de productos en su interior de baja calidad y a elevados precios. En fin, solo incomodidades. Estas medidas urge aplicarlas desde ya.

Pero respecto de los delincuentes, los mal llamados barristas y que tienen organización propia, jerarquías y reconocimiento de los propios clubes y, en cierta medida, de jugadores y periodistas, debe aplicarse tolerancia cero.

Nada de bombos, nada de donación de entradas, nada de juegos de artificios e implementar venta de entradas en forma presencial, cámaras que permitan detectar a autores e instigadores, reconocimiento facial y – posiblemente aplicar dos medidas extremas e impopulares-, venta de entradas sólo a socios debidamente individualizados y a bajo precio y venta de localidades a precios altos al resto de las personas.

Pero la madre de todas las sanciones es castigar al club dueño de casa con la pérdida de puntos.

Estamos frente a delincuentes que actúan coordinados y con el propósito claro de causar daños. Ni más ni menos frente a asociaciones ilícitas y por ello también falta una acción más decidida y rigurosa del Ministerio Público en la tipificación de los hechos y una mayor severidad en las penas.

No puede destruirse el fútbol solo porque un grupo reducido de maleantes así se lo han propuesto.

Nadie que ama una actividad incurre en conductas que precisamente van en sentido contrario.