Hoy les ofrezco una columna sobre tenis, con algunas opiniones y con recuerdos de una gran carrera deportiva. Corría el año 2005, y un adolescente argentino comenzaba a jugar profesionalmente en el circuito ATP y tres años después se convertía en el primer jugador en la historia de la ATP en ganar cuatro torneos consecutivos en condición de debutante; me refiero al oriundo de Tandil, Juan Martín del Potro.

No se detuvo más, y los triunfos se sucedían ganándose el respeto dentro del circuito del  tenis y ubicándose dentro de los grandes tenistas latinoamericanos de la historia. Pero Juan Martín tenía un ídolo, a quien admiraba por sobre los demás; un ídolo que tarde o temprano se le cruzaría en su triunfal periplo: el gran Roger Federer.

Lo vio como número 1 desde sus tiempos de juvenil, y la admiración por su juego también se trasladó a su comportamiento dentro y fuera de la cancha. Pero llegó el momento en su carrera en el que necesitó correrlo de ese lugar para que no lo perjudicara deportivamente. Cuenta Sebastián Torok en su libro “El milagro Del Potro” que cuando Roger empezó a enfrentar a “Delpo” regularmente, comenzó a repetirse una situación llamativa: el suizo se le acercaba antes de los partidos para sacarle temas de conversación.

tenisRoger visitaba a Delpo en el camarín previo a los partidos, conversaban de los relojes, porque los dos comparten el mismo sponsor, o hablaban de la raqueta, de la Argentina, de Suiza o de fútbol, porque Roger es muy fanático. Pero en definitiva era como tener una charla agradable con un amigo, y después Juan Martín no entraba con el cuchillo entre los dientes, entraba relajado: Roger lo había sacado del partido antes de jugarlo.

Como consecuencia Juan Martín se inclinaba una y otra vez ante el poderío tenístico del suizo. Franco Davin (su ex coach) y Martiniano Orazi (preparador físico del tandilense) se dieron cuenta de que Del Potro necesitaba tenerle más “bronca” a su rival (“en el buen sentido”) y entonces tuvieron que hablarle francamente con un pedido: tenía que cambiar la actitud y ya no sentarse a hablar con el suizo antes de los partidos de tenis.

“Le dijimos: ‘Juan, olvídate, a este hay que ganarle”, contó Davin. “Le pedimos que no le prestara atención, que con respeto se levantara de su lugar y se fuera para otro lado”, contó Orazi. Fue el primer paso para “bajarlo del poster” al número 1 y poder empezar a ganarle.

Ya en la cancha, Federer también trataba sutilmente de intimidarlo durante la entrada en calor. Golpeaba unas pocas pelotas de fondo y después se iba inmediatamente a volear, como para que Del Potro no tomara ritmo. “Esas cosas Federer no las hacía contra jugadores con los que sabía que no podría perder salvo que pasara algo raro. Pero contra Juan Martín sí”, aseguró Davin en el libro de Torok.

tenisDel Potro aprendió a ganarle a Federer, a sus triquiñuelas; en el fondo Roger sentía respeto al juego de Juan Martín. En el mundo del tenis las amistades son complicadas, pero estos dos grandes del circuito lo lograron: construyeron una relación de amistad -dentro de lo que puede ser ese tipo de lazo en un circuito hipercompetitivo como el de la ATP.

En 2011, durante el Abierto de Australia, el argentino recordaba en Melbourne el apoyo que recibió durante el período de rehabilitación por su primera operación en la muñeca: “Roger me llamó cuando estuve muy mal. Él fue de los muy pocos que se preocupó por mí en esos momentos, que se cuentan con los dedos de una mano”, explicó.

Hoy Del Potro festeja junto a su pueblo un gran triunfo y aprendió que fuera de la cancha las amistades son posibles y que dentro de ella sólo vale dar lo mejor en pos del triunfo, aunque sea frente a un amigo.

Por: Julio A. Aparicio C.

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