Es difícil hacer diagnósticos respecto a la realidad de nuestro tenis, cuando nos encontramos en etapa de transición. Ni siquiera las mayores potencias a nivel mundial logran salir rápidamente del vacío post-síndrome de haber tenido una buena camada de jugadores. Es más, el talento no se compra en el kiosco de la esquina: ni la mejor infraestructura, ni la mejor inversión son suficientes.

En ese sentido es necesario trabajar en un proyecto a largo plazo, pese a que los detractores de este término terminan siendo amantes de la inmediatez. En el caso del tenis esa fórmula no aplica, el desarrollo es progresivo y actualmente la madurez tarda mucho en llegar. No olvidemos que casos como el de Rafa Nadal o Leyton Hewitt son hechos aislados y se dieron en la década pasada. Hoy tenemos a “veteranos” pasando por su mejor momento en el circuito: Federer, Ferrer, Nestor, Paes y otros. Como dato, les comento que existen cuatro tenistas entre los 100 primeros que superan los 34 años, dos de ellos ubicados en el Top 40.

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Otra opción, acotada por cierto, es la de iniciar el propio camino, mediante esfuerzos personales de la familia y contratos con empresas privadas. En algunos casos ha funcionado (Massú-González) y en otros definitivamente ha sido una lucha prácticamente perdida (Costa-Seguel). Sin embargo, se reconoce el hecho de remar contra la corriente.

Pese a ello y al enorme entusiasmo de nuestros jugadores, nuevamente cerraremos una temporada pobre en cuanto a resultados (pensando en la excelencia y el alto rendimiento), con tenistas fuera de los 200 mejores en singles, con excepción de Julio Peralta, que ha tenido un renacer, pero que no está participando del equipo de Copa Davis (por ahora).

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Ahora bien, debemos seguir pensando y aferrándonos en los procesos, ha habido casos de éxito pero la paciencia fue fundamental ¿Cuántos años pasaron para que EEUU pasara de Sampras, Agassi, Martin y Chang a Sock e Isner? ¿Cuántos años pasaron para que Australia pasara de Rafter, Philippoussis, Hewitt y los “woodies” a Kyrgios, Kokkinakis y Tomic? ¿Cuántos años pasaron para que Suecia pasara de Enquist, Johansson, Bjorjman y Norman a Ymer? Entonces no podemos esperar que después de Ríos, Massú y González surja algún milagro. Tomás Barrios podría ser, pero insisto: hay que ser cautos.

Punto aparte el tema directivo, el cual está entrampado en disputas internas, dejando a un lado temas tan relevantes como el formativo. Y si miramos hacia atrás, la vergüenza y la rabia aumentan…una década de malos manejos, mejor dicho robos, de plata y de sueños.

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Después de nuestros máximos referentes y embajadores del deporte blanco, sólo vino un desfile de fracasos, con excepción de Paul Capdeville, 76 en el ranking de la ATP. Aguilar, Rivera ni Hormazábal no tuvieron un paso alegre por el circuito. Entre los contemporáneos, Podlipnik y Sáez, vivieron un estancamiento constante y las miradas se han dirigido este último tiempo a Lama, Jarry y Garín.

Sin caer en pesimismos, ninguno ha logrado despegar. Lama parecía que podía acercarse sólo al top 100, pero la mala suerte lo llevó a la encrucijada de sufrir problemas físicos. De hecho, esta semana cerró un 2016 con gusto a poco.

Jarry también tuvo un 2016 en el que debió salir de algunos problemas físicos (fractura de muñeca derecha), llegando incluso a recibir wild cards en importantes torneos, contra jugadores de renombre. Buena experiencia, pero también se espera mucho más de él. Ganó sólo un futuro en Rumania.

Garín, es el que podría dar la sorpresa: de la fragilidad mental, los problemas con sus “kilitos” de más y cierta desidia por el tenis, pasó a tomar una decisión sabia, radicándose en España y cambió de entrenador (el español Bartolomé Salvà, de la academia de Rafael Nadal). Podría dar el salto definitivo. Tampoco debemos volvernos locos con su título en un challenger, debe aspirar a más.

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Lo que podríamos rescatar es el trabajo responsable y serio del equipo de Copa Davis, con un Massú que ha demostrado una madurez y sabiduría a toda prueba. Ha tenido una excelente toma de decisiones y como motivador sus atributos son incuestionables. Se le ganó meritoriamente a República Dominicana y Colombia, quedando para el recuerdo el partidazo de nuestros doblistas contra los cafeteros.

Esperemos que 2017 sea mejor, pero más allá de eso, que podamos de una vez por todas planificar el trabajo de nuestras jóvenes promesas, que existan torneos de mejor jerarquía, con buena organización, que logremos continuidad en materia dirigencial y que nuestros tenistas entren a participar de campeonatos realmente competitivos, de nivel ATP.