La selección uruguaya se despidió con goleada incluida, en un Centenario que aclamó a su combinado de cara a su debut en la Copa del Mundo ante Egipto por el grupo A.

Se vendieron más de setenta mil entradas en el histórico recinto charrúa, y la actuación del colectivo del profesor Óscar Washigton Tábarez no defraudó al imponerse a 3-0 ante Usbekistán.

El dominio de los charrúas que buscarán trascender más allá de los cuartos de final se terminó de atornillar en el marcador al minuto 31, con una jugada que salió de un robo en el mediosector de Luis Suárez y que este se la cedió a Cavani, este se la devolvió al “Pistolero” que de pecho asistió a Giorgion de Arrascaeta a que puso el 1-0.

Para la segunda parte, esta nueva versión de “Garra Charrúa”, que posee una mezcla de marcación férrea y técnica con la presencia de jugadores en la mitad de la cancha que generan más ocasiones en ofensiva, de penal Luis Suárez puso el 2-0 y el zaguero José María Giménez al 73′ para el delirio y despedida por todo lo alto, que ilusiona de gran manera a toda una nación que anhela su tercera Copa del Mundo.

Lo bueno: El “Pistolero” llegó a 51 goles.

Hombre récord, letal. Goleador implacable e inclaudicable. A Luis Suárez no lo detiene nada, no hay descanso posible. Ni amistoso que permita cuidarse un poquito porque no haya que correr riesgos.

Metió, empujó y luchó cada pelota como si se tratase del primer partido de la Copa del Mundo. Así robó la pelota para crear la jugada del primer gol de la Celeste y con esa misma determinación tomó la pelota para ejecutar el penal que le posibilitó marcar el segundo gol y elevar nuevamente su cuenta personal con la camiseta color cielo.

Llegó a 51 festejos. Imponente. Y eso que todavía no llegó al centenar de cotejos con la Selección, algo que acontecerá en la segunda contienda del equipo de Óscar Tabárez en plena disputa del Mundial de Rusia.

Luis Suárez. Foto: Gerardo Pérez

Lo malo: La selección regaló media hora

El partido era simplemente un entrenamiento y sobre todo una fiesta para los hinchas. No era un juego para mucho análisis, pero quizás la primera media hora dejó un sabor algo preocupante.

Lo peor de la noche fue la media hora que demoró Uruguay en rematar al arco. El primer tiro al arco de los celestes fue el que terminó en el gol de Giorgian De Arrascaeta que abrió el marcador a los 31 minutos de juego.

Hasta ese momento los celestes no habían llegado con peligro sobre el arco defendido por Suyunov. Los uzbekos, que cortaban constantemente el juego, complicaban y no permitían hilvanar el buen juego celeste.

Y cuando Uruguay se hacía de la pelota no lograba la profundidad necesaria. Todo cambió con el gol de De Arrascaeta, porque el rival ya no fue el mismo y se entregó. Y después Uruguay fue contundente.

El mosaico de Uruguay en las tribunas del Centenario en la despedida a la selección. Foto: Gerardo Pérez

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