La presentación de la selección nacional en la ya finalizada Copa América  no puede sino ser calificada como un rotundo fracaso.

Y esta aseveración no es un simple capricho de este articulista-, quien por lo demás-, fue uno de los pocos periodistas deportivos que en televisión se atrevió a advertir el error que significaba la contratación del DT Reinaldo Rueda: un gentil hombre, sereno, educado pero carente del perfil de un entrenador que supiera interpretar mejor el ADN que en forma irrenunciable caracteriza a esta generación de jugadores y a su sistema táctico.

Como cuestión previa advirtamos que una de las primeras tareas a asumir por Rueda  la dejo pendiente: el tema disciplinario.

Tras las declaraciones de Claudio Bravo después de la eliminación de Chile al mundial optó por cerrar los ojos, dejarlo fuera de la nómina y entregar liderazgos a quienes, precisamente, todo el medio sabía que eran los que manifestaban falta  de profesionalismo.

Llegó a decir que entre VIDAL Y BRAVO  prefería al primero. Y así fue no más. Esta selección tuvo el sello de Vidal . Es decir, física impulsiva, descontrolada y poco clara.

Vidal posiblemente sea el mejor volante del mundo pero nunca tanto como para entregarle las riendas tácticas del partido.

Al marginar a Bravo sin razones valederas desperdició no sólo a uno de los mejores arqueros del mundo, a un capitán DE VERDAD y cuyo único error fue decir verdades lo que, por demás, le manifestó personalmente al propio Rueda.

Ya. Pero está bien, es una prerrogativa del DT. El tema es que quien lo reemplazó es un arquero que no tiene la jerarquía ni la calidad ni la personalidad de Bravo .

El tema de Marcelo Díaz, -el cerebro  de la selección,- transita por otro carril. Su marginación no es producto de una indecisión ni de un  capricho sino más bien el reflejo de su ideario táctico.

Pulgar, su reemplazante, es un muy buen jugador pero de otras características. Difícilmente podría pensarse que con él se lograría una de las virtudes más destacadas de esta selección que era la salida limpia, el balón bien distribuido .En otras palabras, el inicio ofensivo orientado. Pulgar esta para otros menesteres.

La incorporación de Eduardo Vargas más bien fue una incrustación de última hora. Prácticamente no participó en los llamados microciclos por razones nunca bien aclaradas. Una señal que las preparaciones previas, los amistosos, carecen de importancia y se puede llegar a última hora sólo por tener chapa de goleador.

Jamás priorizo ni juzgo a una selección ni a un equipo por sus resultados, por sus números ni por su éxito en una competencia. Lo hago por su rendimiento, por lo que deja como sabor táctico, por lo que innova, por lo que me impresiona. Está claro que en esos aspectos fue precario  lo ofrecido por esta selección. Pero para satisfacer el ansias de aquellos comentaristas resultadistas, advirtamos que  en este rubro tampoco Rueda hizo historia y sus números hablan por sí solos.

Al cabo, seguimos con las mismas dudas de saber si los indisciplinados siguen dentro o afuera, si los soplones existieron y por ello castigados, si la incorporación de uno o dos jugadores dan comienzo al recambio que con tanta fuerza pregono Rueda a su llegada y ,  para mi lo más grave, es que en rigor retrocedimos tácticamente a los ochenta.

Si esto no es fracaso…Qué lo es entonces?