Desde el pasado: La noche más salvaje de Flushing Meadows

Tras el Us Open de 1977, la federación estadounidense de tenis (USTA) abandonó el West Side Tennis Club de Forest Hills y movió el torneo a su actual sede en Flushing Meadows. Una de las novedades que aportó el cambio de sede fue la programación, ya en 1978, de las sesiones nocturnas.

Las noches de tenis de Flushing Meadows se convirtieron rápidamente en un gran espectáculo, en una especie de «circo» En la ciudad que nunca duerme, el tenis a la luz de los focos se transformó en algo eléctrico, con un ambiente difícil de controlar para tenistas con mentalidad débil, en un escenario propicio para gestas salvajes y en una ventana de prime-time para la televisión.

Apenas un año después, la noche del 30 de agosto de 1979, uno de los encuentros nocturnos convirtió ese ambiente especial en un tumultuoso match, con límites de descontrol jamás alcanzados. Apenas era un partido de segunda ronda, pero enfrentaba a dos de los tenistas más rebeldes de la historia del tenis: el estadounidense John McEnroe y el rumano Ilie Nastase.

Campeón del US Open en 1972, Ilie Nastase, a sus 33 años, estaba en el declive de una enorme carrera no exenta de una ficha policial de altercados y provocaciones que le valieron el apodo de «Mr. Nasty». John McEnroe apenas tenía 20 años, pero ya acumulaba antecedentes más que evidentes para certificar su apodo de «Superbrat». Un encuentro entre ambos era, como un espectador mostró en una pancarta, un partido sólo apto para adultos.

Bill Talbert, director del torneo, no dudó en que el match necesitaba el mejor árbitro en la silla. Y Frank Hammond era indiscutiblemente el mejor. Nacido en 1930 en Nueva York, Hammond tenía excelente relación con los tenistas, quienes lo trataban como uno más de la familia. Tenía 35 años de experiencia, los primeros de ellos como juez en la línea de saque, una voz poderosa, más de cien kilos de peso y una habilidad especial para manejar situaciones anómalas en pista. Hasta John McEnroe, un dolor de cabeza para los árbitros, lo respetaba.

Con treinta y cinco años de experiencia, Hammond bajó contrariado de la silla de arbitraje. En los primeros juegos de su enfrentamiento en Flushing Meadows, Nastase y McEnroe, aparte de jugar un tenis magistral, comenzaron a insultarse. Tras un punto muy aplaudido de Nastase, McEnroe hizo una peineta al público y éste reaccionó apoyando al rumano. En el primer descanso tras el incidente, John se giró en su silla, se dirigió a dos mujeres que animaban a Nastase, y les dijo “ya es hora de que se marchen a casa a preparar la cena”.

Pese a todo, los tres primeros sets se consumieron sin más problemas que alguna provocación o protesta. El match era de alto nivel. La grada, posiblemente debido al alcohol, según sugirió McEnroe años más tarde, se iba caldeando y el ruido de los aviones que partían o llegaban a La Guardia añadía una sonoridad especial.

Pero McEnroe era el claro dominador. El marcador registraba un 6-4, 4-6, 6-3 y 2-1 con break para el estadounidense, cuando Nastase sacó toda su artillería de artimañas.

Nastase buscaba parar al partido y para ello contaba con al apoyo del público. Primero se quejó del ruido de los aviones, e inició una discusión con Hammond, quien lo amenazó con una penalización. “Ilie te debo tratar como a cualquier otro jugador”, le dijo el árbitro. Acto seguido, se quejó de que McEnroe tardaba mucho en servir, lo que provocó otro parón y frases a Hammond como «Digale que no me llamo Nastase Hijo de Puta. Me llamo Mister Nastase Hijo de Puta».

A pesar de su experiencia, Hammond fue perdiendo la compostura. Nastase elevó las provocaciones y dijo que no seguía jugando. La grada gritaba. Hammond no podía controlar a Nastase y Mike Blanchard, el supervisor del torneo, subió a la silla de arbitraje para charlar con él cuando Nastase fue penalizado con un juego.

La grada rugía “2-1, 2-1, 2-1” en referencia a que no se podía penalizar a Nastase con un juego. Hammond olvidó desconectar el micrófono y se escuchó la charla en la que decía: “Esta gente no son fans del tenis, son simplemente basura”. Varios minutos después, con Nastase negándose a jugar, Hammond pronunció: “Juego, Set, Partido, McEnroe”. Nastase había sido descalificado.

La reacción de la grada fue brutal. La policía tuvo que acordonar la pista, a la que se habían lanzado todo tipo de objetos, botellas incluidas. Nastase y McEnroe permanecieron cada uno en su lado de pista, pero John no paraba de chillarle a Hammond. Era un caos absoluto. Bill Talbert ordenó a Blanchard que sustituyera a Hammond en la silla e intentara seguir con el partido. Tras 17 minutos de parón, limpieza de pista y amenaza a los espectadores de que el partido se iba a suspender hasta el día siguiente si no calmaban sus ánimos, McEnroe finiquitó el match en diez minutos con un inapelable 6-2.

Un par de horas después del partido, Nastase y McEnroe cenaban juntos en un restaurante de Manhattan. Doce días más tarde, John conseguía su primer título del US Open superando a su amigo Vitas Gerulaitis en la final. Al día siguiente, Hammond anunció su retirada del arbitraje y se dedicó a sus tres grandes pasiones: el tenis en silla de ruedas, especialidad de la que fue directivo e impulsor, la música dixie y el bridge. Hammond murió en 1995 víctima de la esclerosis lateral amiotrófica.

Frank Hammond, el único que supo domar a John McEnroe.

 

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