Se disputaba un encendido partido en el marco de Eurocopa 2020, entre las selecciones de Bulgaria e Inglaterra en el estadio Natsio Nalen Vasil Levsky de Sofía. El público asistente comenzó en pleno desarrollo del partido a realizar actos y lanzar a los jugadores rivales frases con claro contenido racista.

El partido debió ser suspendido en dos oportunidades pero logró finalizar. La FIFA es muy severa frente a estas conductas y por ende las sanciona duramente y bien lo sabe nuestro país que ha recibido ya castigos.

El ente rector del fútbol encontró un aliado potente para aplicar en este caso duras sanciones; Hristo Stoichkov, una de las figuras más relevantes del fútbol de Bulgaria y que brillará también en el Barcelona, fue enfático y en entrevista dada a un medio mexicano expresó: “Hay que cerrar este estadio y dar duro castigo a los drogadictos y el público bueno no debe seguir sufriendo con ellos tal como se con hizo Inglaterra que fue castigado impidiéndole participar por 5 temporadas”. Visiblemente emocionado bajo la cabeza y rompió en llanto.

El DT de la selección Krassimir Balakov, otro de los grandes ídolos de Bulgaria e integrante de la selección que logró el cuarto lugar en el Mundial de 1994, también repudió estas voces racistas.

Fue tal el escándalo que el Ministro de Relaciones Exteriores convocó a la Embajadora del Reino Unido para disculparse: “No somos un país racista. Estos hechos no nos interpretan” agregó.

Es decir, todos los involucrados alineados contra estas actuaciones en los estadios. Un claro contraste con lo que sucede con nuestra dirigencia que frente a similares situaciones minimiza y justifica.