El día que Carl Lewis se sintió ESTAFADO

Cuenta la leyenda que un lejano día de 1982 Carl Lewis saltó 9.14 metros. La futura estrella del atletismo aseguró que no dejó ninguna marca en la plastilina, pero un meticuloso juez apreció que la punta de la zapatilla sí había rebasado la línea y lo consideró nulo. Mientras Carl Lewis debatía con el juez borraron la huella en la arena, la huella que pudo haber cambiado para siempre el salto largo y la carrera deportiva de Carl Lewis. Porque si algún fantasma lo persiguió durante los años que duró su reinado fue la sombra de Bob Beamon y su “Ocho Noventa”…

¿Y qué hay de verdad en el salto de 9,14 metros?, o ¿cuántas veces saltó Carl Lewis más que Bob Beamon sin que la métrica lo reflejara?

Repasando la historia, el 18 de octubre de 1968, en la primera ronda de la final del salto de los Juegos Olímpicos de México, el atleta estadounidense Bob Beamon, ayudado por la altura de Ciudad de México, destrozó el récord mundial de la especialidad con un vuelo de 8.90 metros. La plusmarca recién vapuleada pertenecía, con 8.35 m., al también estadounidense Ralph Boston y al soviético Igor Ter Ovanesian.

Ambos estaban en la final de México y fueron testigos directos de la proeza de Beamon. Boston fue quien tradujo el registro al sistema métrico anglosajón: “¡¡Has saltado más de 29 pies!!”. Ter Ovanesian entendió lo que acababa de suceder: “Comparado con este salto los demás somos niños”.

El británico Lynn Davies, campeón olímpico en Tokio 64, también presente en la final, lo tuvo claro: “Has destrozado esta prueba”. El mundo asistió atónito a lo que hoy se sigue considerando uno de los mayores logros deportivos de la historia.

Uno de los miles de niños que dibujaron dos rayas en el suelo separadas por 8.90 metros se llamaba Carl Lewis. Como cualquiera que lo hiciera, quedó maravillado con la distancia. Lo que nadie podía prever era lo ligada que llegó a estar la hazaña de Beamon a la gigantesca trayectoria atlética de Carl Lewis.

Porque Lewis fue casi todo lo que se puede ser en el salto largo. Cuatro veces campeón olímpico (1984, 88, 92, 96), dos veces campeón del mundo cuando los mundiales se disputaban cada cuatro años (1983, 87), más la plata del mundial de Tokio 91 que ganó con un ventoso 8.91 (+2.9) en el primer concurso que perdía tras diez años y siete meses que permaneció invicto en la prueba, concurso en el que Bob Beamon también perdió el récord mundial en las piernas de Mike Powell y sus 8.95 metros. También fue tres veces plusmarquista mundial indoor: 8.49 en 1981, 8.56 en 1982 y 8.79 en 1984; de hecho lo sigue siendo actualmente con esos 8.79 de 1984. También sigue teniendo todavía la mejor marca mundial para menores de 20 años con 8.62 m. (1981) y la mejor marca mundial de mayores de 35 años con 8.50 m. (1996) igualado con Larry Myricks.

Estadísticamente se puede añadir que veinte años después de su último torneo sigue siendo, con diferencia, el atleta con más saltos legales por encima de 8.80, de 8.70, de 8.60 o de 8.50, mas teniendo en cuenta que durante buena parte de su carrera el salto de longitud no fue su prioridad.

Pero con todas estas medallas olímpicas, mundialistas, récords mundiales indoor, plusmarcas y estadísticas abrumadoras, ¿qué le faltó a Carl Lewis en el salto largo? Pues no consiguió nunca el récord mundial al aire libre. No pudo con los 8.90 de Bob Beamon ni con los 8.95 de Mike Powell.

Una opinión bastante generalizada, quizá unánime, es que si Lewis no consiguió el récord mundial fue por haber combinado el salto con otras pruebas. Aparte de resistir entrenamientos multidisciplinares al más alto nivel, echando un vistazo a los calendarios de las grandes competencias vemos, por ejemplo, que en los Mundiales de Helsinki 83 la final de la longitud le coincidió con dos carreras de 4×100, en los Juegos Olímpicos de Los Ángeles’84 y en los de Seúl’88 con dos carreras de 200; lo mismo que el día que saltó 8.79 m., la que fue su mejor marca desde 1983 hasta 1991. Y más o menos lo mismo en Trials de selección y en campeonatos de los Estados Unidos.

Volviendo al salto de los 9,14, el día en que si la leyenda fuera cierta, Carl Lewis, que ya era desde 1981 “el nuevo Jesse Owens”, pudo haber sido “el nuevo Bob Beamon”, algo que nunca sabremos cómo habría afectado a sus siguientes años como atleta.

El 24 de julio de 1982, en el National Sports Festival disputado en Indianápolis, Carl Lewis participo simultáneamente en dos pruebas: el salto de longitud y el relevo 4×100. Tras dos saltos nulos que las crónicas de la época ya estimaban cercanos a los nueve metros, fue a correr su posta del relevo junto a Michael Miller, Calvin Smith y Stanley Floyd. Volvió al pasillo de saltos y otro nulo. De ahí fue requerido para la ceremonia de entrega de medallas del 4×100.

Presente en el concurso, el saltador Jason Grimes se acercó a Dwight Stones, leyenda del salto de altura con dos bronces olímpicos y ex plusmarquista mundial, locutor para la ABC Olympics y le dijo: “¿Quieres ver un salto de más de 9 metros? Vente a ver esto ya”.

Y en el cuarto intento Carl Lewis voló. Y voló. Él y todos los presentes supieron que había sucedido algo grande. Pero para disgusto de todos, el juez levantó la bandera roja. Carl Lewis estaba convencido de haber llegado muy lejos, sin duda más allá de los 8.90,  y también estaba convencido de que el salto NO había sido nulo.

Los testigos, incluidos Dwight Stones y Jason Grimes, afirman que no había ninguna marca en la plastilina. Lewis, enfadado, pidió que se la mostraran, pero ya daba igual, ante la negativa del juez, que insistió en que la punta de la zapatilla sí había rebasado la línea, borraron la huella de caída en la arena.

El palmarés de Carl Lewis acabó siendo tan grande y repleto de medallas que esto quedó en una anécdota de sus inicios. Nunca se sabrá si el exceso de celo por parte de un juez nos privó de la mayor proeza de Lewis en lo que a récords se refiere.

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