Un día como hoy, hace 27 años, el mundo del deporte vio consternado como una tenista era apuñalada por un fanático en pleno partido. Se trataba de Mónica Seles, de entonces 19 años, quien figuraba como la número uno del ranking ATP.

Todo sucedió mientras se disputaban los cuartos de final del torneo de Hamburgo y Seles tomaba agua y se secaba con una toalla durante un descanso. En esos instantes, ante el asombro del público, recibió una puñalada desplomándose sobre el polvo de ladrillo. A los pocos minutos  los agentes de seguridad reducían al agresor de nacionalidad alemana,  quien según posterior confesión lo hizo para que su compatriota Steffi Graff volviera al número 1.

El parte médico del hospital que atendió a la deportista indicó “Mónica ha tenido suerte. Ni el pulmón ni el omóplato han sido dañados”.

Con el tiempo Seles volvió a competir, pero no pudo despojarse de una lesión más psicológica que física. Ganó otros 21 títulos, incluido el Abierto de Australia 1996, pero ya nunca volvió a disfrutar, sufriendo ataques de ansiedad y depresión. “La comida era mi única terapia”, confesó. Finalmente una lesión en un pie la alejó del circuito el año 2003.

“Me apuñalaron en una cancha de tenis, delante de miles de personas. Eso cambió mi carrera de forma irreversible y me dañó el alma. Una fracción de segundo me convirtió en otro ser humano”, reconoció Seles.

Actualmente, la ex tenista está radicada en Tampa (Florida), casada con el empresario Tom Golisano y no tiene hijos. Realizó algunas exhibiciones, dicta charlas sobre la adicción a la comida, participó de un programa de baile y disfruta de sus perros.