Ya son 60 años, aunque por razones largamente conocidas el aniversario se celebrará en la intimidad de cada futbolista que la levantó en triunfo o de cada hincha que se emocionó con su conquista: la Copa Libertadores de América llega hoy a su sexta década. El 19 de abril de 1960 se disputó el primer partido, Peñarol-Jorge Wilstermann en Montevideo y que fue dirigido por un chileno, Carlos Robles Robles.

Por eso, la fecha no puede dejar indiferente a nadie, desde las pampas argentinas hasta el Caribe, desde las playas cariocas hasta las cumbres andinas. Y por supuesto, entre los aficionados chilenos. El certamen se convirtió pronto en una meta ambicionada, con sus grandes campeones, sus estadios llenos, sus leyendas y también el clima de pasión desbordada que lo caracterizó durante años.

La primera idea de un torneo continental de clubes fue lanzada en 1929 por dos dirigentes de Nacional de Uruguay, Roberto Espil y José Usera Bermúdez (ese mismo año ambos propusieron además que Uruguay organizara el primer Mundial). Era una iniciativa adelantada a su tiempo, pues los medios de transporte resultaban insuficientes para vencer las grandes distancias y escollos naturales de América del Sur.

Espil, ya presidente del club tricolor, retomó el tema en 1946, sin resultados. Dos años más tarde se organizó en Santiago de Chile un Sudamericano de clubes campeones, que ganó Vasco da Gama. Fue un éxito, pero mover a los equipos era demasiado caro y no se repitió (a fines del siglo XX  la Conmebol hizo oficial ese certamen, reconociendo su carácter pionero).

El estímulo decisivo llegó con las noticias que llegaban de Europa sobre el suceso de la Copa de Campeones (hoy Champions League) a partir de 1956. Incluso durante el Mundial de Suecia 1958 dirigentes llegaron a hablar de un desafío entre combinados de Europa y América del Sur, o en caso contrario de sus respectivos campeones, según la investigación de los periodistas Atilio Garrido y Jorge Barraza, publicada en el libro del cincuentenario de la Copa Libertadores. El desarrollo de la aviación ya había contribuido a facilitar los viajes, venciendo distancias.

Claro que por este lado del Atlántico no había campeón continental para medirse con el europeo. Dirigentes chilenos retomaron la iniciativa, que luego hizo suya José Ramos de Freitas, presidente de la Confederación Brasileña de Deportes, y emprendió una gira para convencer a sus colegas de los diferentes países.

Durante la Copa América de marzo de 1959 en Buenos Aires, el Congreso de la Confederación analizó la propuesta. La Asociación Uruguaya de Fútbol, a través de los delegados Saturno González, Washington Cataldi, Justino Carrere Sapriza y Juan Barbaruk se pronunciaron en contra, argumentando que el nuevo torneo afectaría la disputa de los Sudamericanos de selecciones, por entonces la gran fiesta futbolística continental, así como la actividad local.

En agosto de 1959, el Congreso de la Confederación en Caracas aprobó la disputa de la Copa, con ocho votos a favor, uno en contra (Uruguay) y una abstención (Venezuela). Un nuevo Congreso en diciembre, durante el Sudamericano Extra de Guayaquil, terminó de definir los detalles del certamen. Desde su creación se la llamó Copa Libertadores de América en homenaje a los héroes de la independencia, aunque durante algunos años también se la conoció como Copa de Campeones.

En febrero de 1960 se decidieron los cruces del torneo inaugural: San Lorenzo de Argentina-Bahía de Brasil, Universidad de Chile-Millonarios de Bogotá y el campeón uruguayo (todavía no resuelto, con la final de 1959 pendiente entre los grandes) ante Jorge Wilstermann de Bolivia. Olimpia de Paraguay pasaba directo a la semifinal. No se anotaron los campeones de Perú, Ecuador y Venezuela.

Pese a la negativa de sus dirigentes (que algo de razón tenían, pues la Copa América inició un largo período de decaimiento), el público uruguayo se entusiasmó de inmediato por la flamante competencia. El día del primer partido, Peñarol-Wilstermann, el 19 de abril de 1960, hubo 35.000 espectadores en el Estadio Centenario. En Buenos Aires, en cambio, el torneo pasó casi inadvertido, y por eso San Lorenzo aceptó jugar el desempate de las semifinales con los aurinegros en Montevideo, donde estaba asegurada una gran recaudación.

A partir de entonces, la Libertadores no dejó de crecer en interés y participación. En varios países, especialmente Uruguay, la actividad futbolística comenzó a girar alrededor de la posibilidad de competir en la Copa. Y ya en aquel 1960 se estableció la Copa Intercontinental frente al campeón de Europa.

El trofeo fue creado en Lima

El emblemático trofeo de la Libertadores fue diseñado por el ingeniero italiano Alberto de Gasperi, funcionario de la empresa de platería Camusso de Lima, donde se lo confeccionó a fines de 1959. Luego de un par de bocetos rechazados, se adoptó el diseño coronado por un futbolista a punto de rematar, copiado de un trofeo que Camusso vendía para campeonatos escolares. La Conmebol le fue agrandando la base de madera para incluir los escudos de todos los campeones. También fue restaurado en tiempos recientes.

El primer partido: Peñarol 7-Wilstermann 1

Aquel 19 de abril de 1960, por la tarde debido a que era feriado, Peñarol salió a la cancha con la bandera de Artigas, buscando destacar el nombre del naciente torneo: Copa Libertadores de América. Asistieron unos 35.000 espectadores y se vendieron 28.768 entradas.

El aurinegro jugó con Luis Maidana, William Martínez, Salvador, Santiago Pino, Néstor Goncálvez, Walter Aguerre, Luis Cubilla, Carlos Linazza, Alberto Spencer, Juan Eduardo Hohberg y Carlos Borges. El técnico era Roberto Scarone.

Jorge Wilstermann alineó a Hernán Rico, Óscar Claure, Wilfredo Villarruel, José Trujillo, José Rocabado, Mario Zabalaga, César Sánchez, Máximo Alcócer, Ausberto García, Renán López y Rómulo Cortez. El entrenador era Saúl Ongaro. Antes del final del primer tiempo, como estipulaba el reglamento, se hizo un cambio: Arturo Soria por Cortez.

Peñarol se impuso por 7 a 1. El primer gol en la historia del torneo lo convirtió Carlos Borges a los 13 minutos, tomando un rebote de un zaguero. El delantero hizo otro gol, cuatro Spencer y uno Cubilla. Alcócer descontó para el visitante. De eso hace ya 60 años.