El tenista español Rafael Nadal advirtió hace unos días que no sabe si en el futuro podrá volver a ganar un Grand Slam. Es más, siente desconfianza respecto a su competitividad ante los grandes de este deporte.

Al decir verdad, el nivel del mallorquín se ha visto mermado, principalmente por temas físicos. Problemas de salud, lesiones y temas musculares lo han hecho caer en irregularidades y por consiguiente en el ranking ATP.

Esto lo ha hecho tener un 2015 para el olvido: no ganó ningún Grand Slam ni Masters Mil, salió en junio por primera vez del top ten, después de diez años consecutivos, salió eliminado de Roland Garros tempranamente y lo que es peor: su juego había perdido la “pimienta” de antaño.

Y todo se ha visto reafirmado en su debut y despedida del Abierto de Australia (el primer mayor de 2016) ante su compatriota Fernando Verdasco (41º ATP), en cinco sets, en un partido irregular, lleno de dudas y en el que se vio paradojalmente desconcertado.

Y no solo eso; cualidades como su instinto y su fuerza se han ido esfumando. En el último tiempo se ha visto particularmente sobrepasado en velocidad y aquellos rallies largos que acostumbraba sacar adelante con su temple, hoy ya no se los adjudica.

Sin lugar a dudas que lo antes expuesto se refleja en el hecho de que cada victoria acarreaba un tremendo sufrimiento y al mismo tiempo improvisación. Experimentaba, buscaba, encontraba, ganaba, no ganaba. Nada parecía seguro. Sus cualidades lo obligaban a cambiar de estrategia continuamente. Y eso actualmente no es suficiente para él.

Lo peor del presente de Rafa es su problema con el drive, el cual demanda gran esfuerzo físico dentro del juego del mallorquín. Es un golpe que no le “corre” ni hace daño; le imprime mucho efecto y eso facilita el accionar de su rival, más aún si es un tiro que se le queda permanentemente “corto”. Ese tema debe mejorarlo si o si.

Se ha especulado que a partir de estos problemas, su tío Toni se vea desplazado en el rol protagónico del cuerpo técnico. John Mc Enroe sugirió un cambio de entrenador para que el “torero” intente volver a ganar. Esta situación fue descartada de plano por el tenista.

La hipótesis del hispano, se basa en la consecución de resultados pese a lo anteriormente descrito: esta temporada ganó los torneos de Hamburgo, Stuttgart y Buenos Aires; fue finalista en el Masters 1.000 de Madrid y, en el tramo final de temporada, en Basilea y Beijing, destacó su mejoría en el tramo final del año.

Sin embargo lo que viene en 2016 más que certeza es una incertidumbre. Algo pasa. Deberá trabajar arduamente para recuperar su nivel, de eso está acostumbrado.

Por Rodrigo Sánchez Aravena