World Rugby experimenta en Australia. Lejos de los 43.000 aficionados en la vuelta de la actividad como sucedió en Nueva Zelanda, el Suncorp Stadium de Brisbane, con asientos para 52.500 espectadores, lució enorme para los pocos 5.590 fanáticos que volvieron a ver un partido después de casi cuatro meses de abstinencia.

Aunque esta vez lo desértico estuvo justificado por la pandemia, que solo permitía el 10% de la capacitad del estadio, el escaso arrastre que está teniendo el Rugby Union en Australia no es algo nuevo y World Rugby está algo incómodo.

Cuando vas a un bar en Australia y escuchas hablar de “Footy”, ten por seguro que se refieren al Rugby League o al Australian Football, las dos disciplinas más populares del país. Sus competencias volvieron a la actividad hace unas semanas y es común ver los estadios repletos.

Para poder reencantar a los fanáticos australianos –y en general al público mundial- World Rugby puso en práctica una serie de modificaciones reglamentarias, dos de las cuales están directamente inspiradas en el rugby league, tendientes a dinamizar el juego.

Si bien el ente madre de la ovalada impulsó estos cambios a modo de prueba en varias competencias con el objetivo explícito de cuidar la salud de los jugadores, el fin que persigue la unión australiana es otro: devolverle el atractivo a un deporte que en los últimos años vio cómo el público le daba la espalda y se volcaba hacia otros espectáculos, principalmente a la National Rugby League y en menor medida al Aussie Rules (fútbol australiano).

Las nuevas reglas

Con varios seleccionados en cancha, el partido entre Queensland Reds y Waratahs estuvo picante, dinámico, con un rugby mucho más atractivo del que nos tienen acostumbrados. Se pudo ver en práctica tres de las siete nuevas reglas que implementaron en el Super Rugby AU.

Ingoal drop goal: El primero sucedió en el sexto minuto del segundo tiempo, Michale Hooper “quemó” el balón apoyándola dentro de su propio in-goal. En lugar de producirse un scrum-5 a favor del rival, su equipo debió salir con un drop desde abajo de los palos. El objetivo: reducir la cantidad de scrums por partido. Lo mismo hubiera ocurrido si un atacante era detenido dentro del in-goal con la pelota arriba.

50/22: A los 12 minutos, el medio-scrum de Reds Tate McDermott ejecutó una patada dentro de su propio campo (50), picó dentro del terreno de juego y salió más allá de la línea de 22 metros rival. Resultado: line-out a favor del equipo que atacaba.

22/50: Lo mismo ocurrió cuando su compañero Bryce Hegarty pateó desde adentro de sus propias 22 y salió pasada la mitad de cancha, previo pique dentro del campo. De nuevo: line-out a favor del equipo que atacaba. Con esta medida lo que se busca es que las defensas tengan que retroceder y haya más espacios para atacar.

Otros cambios reglamentarios incluyen alargue de 10 minutos con punto de oro en caso de empate (también copiado del rugby league), posibilidad de sustituir luego de 20 minutos a un jugador expulsado para reducir la incidencia de los árbitros en el desenlace del partido (dos medidas que también adoptó el Super Rugby Aoteaora), y la imposibilidad de cantar mark si el atacante ejecutó la patada dentro de los 22 metros del rival, excepto que el defensor la tome dentro de su in-goal.

Esto recién comienza en el Super Rugby AU. La adopción de las nuevas reglas tomará unas cuantas semanas para que los jugadores de adapten al 100%. Por lo pronto, Reds logró derrotar a Waratahs en casa (32-26) luego de varios años, mientras que Brumbies quedó como líder del campeonato al vencer con punto bonus a Rebels por 31 a 23.