Le Figaro.-

Tras tres derrotas en esta etapa de la competición ante Rafael Nadal (Roland Garros 2018 y 2019) y Novak Djokovic (Abierto de Australia 2020), el austriaco de 27 años llega a la cúspide del tenis tras una gran final ante el alemán Alexander Zverev. Un encuentro genial e intenso, ganado por el austriaco (2-6, 4-6, 6-4, 6-3, 7-6 [6]).

Ganador de la final juvenil de Roland-Garros en 2011, el pegador (1,85 m; 82 kg) se reveló al público en general en 2016 al llegar a las semifinales en París. De los diecisiete títulos que adornan su récord, diez se han ganado en tierra batida. También logró la actuación de vencer al rey de la superficie Rafael Nadal cuatro veces en su amada superficie (pero nunca en Roland Garros). Este habitual en los cuartos de final de Roland Garros, nunca había pasado de esa etapa en ningún otro lugar de un Grand Slam antes de este año. Pro eso ya es historia antigua. Fue en esta superficie donde ganó su primer Major. También su primer Masters 1000, en marzo de 2019 en Indian Wells. “Durante mucho tiempo pensé que mis mejores posibilidades estaban en tierra batida. Pero a finales del año pasado, eso cambió cuando gané en Beijing, Viena y jugué muy bien en el Masters. Allí me di cuenta de que mi juego se adaptaba muy bien al duro. Así que no es realmente una sorpresa para mí que no haya sucedido en París » explica el jugador.

Formado en la escuela del rudo Günter Bresnik, un entrenador alemán que gestionó notablemente el ascenso de Boris Becker, Thiem cultiva el gusto por el esfuerzo y se ha forjado una reputación como adicto al trabajo bajo la guía de su mentor. Cuenta la leyenda que en 2012, para poner a prueba su resistencia al estrés, el nativo de Wiener Neustadt llevaba troncos a la espalda, cruzaba ríos completamente vestido y corría por el bosque pasada la medianoche. Apodado «Dominator» debido a sus ataques pesados y su estilo de juego como «leñador» Thiem ha ampliado su gama y se ha convertido en un jugador más completo bajo la dirección de su nuevo entrenador Nicolás Massú, ex 9 ºen todo el mundo en 2004, avanzando en particular en el ejercicio de retorno al servicio. Desde principios de 2019, el tipo Thiem ha «matado» a su padre tenista Bresnik, para dar un paso adelante.

En 2011, el ex número uno del mundo austríaco Thomas Muster, de 43 años, jugó y perdió el último partido de su carrera contra … Thiem, 18 (6-2, 6-3). En su búsqueda de un primer Grand Slam, Thiem reclutó al propio Muster, ganador de Roland Garros en 1995. La colaboración debía durar veinte semanas, pero solo fueron quince días. Thiem resumió: “Hicimos un período de prueba para ver si todo funcionaba y muy rápidamente nos dimos cuenta de que no nos llevábamos bien. Vimos las cosas de manera diferente y acordamos detenernos bastante rápido «.

De los 16 a los 20 años, Thiem recorrió los circuitos sudamericanos y asiáticos y casi siempre regresaba con diarreas crónicas y dolores abdominales que en ocasiones le hacían toser sangre durante sus partidos. Después de un mes en un hospital y de muchas pruebas, se le descubrió la bacteria Campylobacter, involucrada en enfermedades como la gastroenteritis. Desde entonces, no ha tosido sangre en las canchas.

Y del cultivo de la paciencia y de la mano del chileno Nicolás Massú, pudo por fin levantar su primer trofeo en uno de los cuatro grandes. Un resultado que le dará aún mas confianza para la próxima temporada, a la espera que finalmente el circuito retome el 2021 su curso natural.