Mario Salas es un entrenador impredecible. Estando en la Universidad Católica demostró su irregularidad. Salió campeón y al otro año se fue entre abucheos y malestar generalizado de los hinchas.

Un jugador de pool diría que perdió el punto de bola. En este caso, la sintonía futbolística. Dejemos atrás el paréntesis exitoso con el Sporting Cristal por no haber tenido el debido seguimiento de su campaña. Pero su regreso a Colo Colo ha sido francamente malo, tanto en puntos como en sus formas.

Hay algo que ha no ha perdido en todo caso, en las buenas y en las malas; su carácter y su personalidad. Ese enojo permanente, esa falta de alegría, esa sensación de incomodidad que muestra en las conferencias de prensa lo muestran como una persona terca y tozuda.

Salas

Pero lo más inquietante ha sido su mutación táctica. Ya dejó de ser aquel técnico de juego agresivo cuyos equipos ejercían una alta presión sobre sus rivales. Puede tener algunas excusas para no practicarlo si consideramos la edad de jugadores como Valdivia, Valdés y Paredes, entre otros.

Pero tampoco ha tomado la difícil decisión de no contar con ellos y constantes lesiones de Valdivia, la irregularidad de Valdés y el afán obsesivo de Paredes para lograr el gol que lo pasé a la historia del club no le permite meter mano al equipo y alcanzar un rendimiento más acorde a sus convicciones tácticas iniciales y de paso aligerar un equipo que se ve lento en sus movimientos y de precario dinamismo.

Si no lo hace quedará atrapado en sus propias confusiones.